LOS INICIOS DEL  TOMATE, PLÁTANO Y TURISMO EN CANARIAS.

 APUNTES HISTÓRICO-ECONÓMICOS

Nicolás González Lemus

Tras la grave crisis económica que vivieron las islas como consecuencia del hundimiento de la cría de la cochinilla, los propietarios locales (salvo pocas excepciones), mediatizados por la desconfianza en la experimentación con los nuevos monocultivos (azúcar y tabaco fundamentalmente), en serias dificultades financieras y con unas tierras muy desvalorizadas,[1] diversificaron la agricultura y desviaron la atención hacia los cultivos de subsistencia y hacia algún otro que pudiera servir de exportación. En 1883 la Sociedad Económica de Amigos del País de La Laguna, por ejemplo, tomó la iniciativa de dirigirse a algunos amigos residentes en Inglaterra para ver la posibilidad de introducir en la isla dos nuevas plantas, la Rhea, conocida como la hierba China o la hierba del lino, y la Helianthus annus, el girasol,[2] dada la idoneidad climática de las islas para su cultivo. La Rhea era una planta fibrosa de uno a dos metros de altura, que cuando su fibra se seca adquiere la forma de hilo, cuyo tejido, de gran resistencia y durabilidad, era más fuerte que el algodón y la lana. No perdía su forma ni encogía al lavar y se pensaba en ella como una fibra textil de gran potencial. El girasol, además del aprovechamiento industrial de sus semillas se podía extraer aceite doméstico. Sin embargo, ninguno de estos dos experimentos tuvo éxito.

Recurren a la sorriba de los terrenos de malpaís o por alguna razón estériles para frutales mediterráneos, como el almendro y la higueras,[3] dos de las pocas plantas que pueden florecer perfectamente en este tipo de terreno. Los ingleses vieron la posibilidad de mejorar el secado del higo de El Hierro, con fama de ser los mejores de las islas, por su tamaño y sabor, para poderlos exportar a las Islas Británicas, pero nunca llegó a suceder tal cosa y «miles de toneladas de higos eran recibidos en el Reino Unido cada año desde Turquía y las regiones del Mediterráneo». Lo mismo sucedió con el otro higo, el higo de pico, apenas se consideraba una fruta, alimento de los más pobres y de los animales, cuyo mercado era completamente abastecido por los tunos de Malta.

También seguía ampliándose el abanico de cultivos, desde cereales hasta gran variedad de frutales. Hasta los 400 metros de altitud en la vertiente norte de Tenerife proliferaba una gran vegetación rica en frutales, tales como guayaberos, membrillos, melocotoneros, naranjeros, limoneros, aguacateros, almendros y mangos. Por encima de este nivel se encontraban los castañeros, manzanos, ciruelos, perales, cerezales, fresas -muy cultivada en la Villa de La Orotava-, etc. Se insistió en los tradicionales cultivos ordinarios, papas, cereales, vid y legumbres. Se incrementó la extensión del cultivo de cereales, tanto del maíz como del trigo.[4] El periódico local el Valle de Orotava comentaba en 1887

 Anulada la grana; desechado el tabaco y suprimido el cultivo de la caña de azúcar ¿a qué pueden dedicarse los antes feraces campos de su extenso valle?. A los mismos que los demás pueblos del norte, al cultivo ordinario de papas, viñas, cereales y legumbres.[5]

El mismo rotativo del Valle de Orotava, en su intento de contribuir en la defensa de los intereses agrícolas, inauguró, a partir de octubre de 1887, una serie de publicaciones sobre nuevos posibles cultivos alternativos. Su objetivo era acercar a los agricultores el conocimiento de nuevas plantas, de nuevos productos agrarios para su posible producción industrial en las islas cuyo cultivo se estaba extendiendo rápidamente por Europa (Francia, Bélgica, etc.) para paliar la crisis agraria que asolaba al viejo continente. Sugiere el tubérculo de la pataca, que aparte de ser un producto alimenticio, del mismo se podía extraer alcohol.

  No debemos nosotros pasar en silencio los trabajos que en el extranjero se hacen por si las observaciones allí realizadas pueden tener aplicación en nuestro país.[6]

Otro cultivo recomendado, que podría ser de gran ayuda alimenticia para la población, era el tubérculo crosno (stachys affinis).

En vinagre [el crosno] es un elemento excelente para hacer pickles, da buenos fritos y preparado como las judías verdes a la maitre d’hotel o en su jugo es muy útil para adorno de los asados. Su sabor poco acentuado, pero agradable, es parecido al de la alcachofa y la papa.[7]

Recomienda su adquisición por medio de los cónsules en las islas. Recomienda también que las plantas se distribuyan gratis a los agricultores que la soliciten para «que de este modo sean más numerosos e instructivos los ensayos».[8]

Se insistía en la producción de vinos y también se recomendaba la utilización de los residuos de su fabricación para extraer diferentes productos «de gran aceptación en el comercio»,[9] siendo los más importantes el alcohol, aceite de semillas,[10] ácido tártrico, crémor tártaro, vinagre y abono.[11] Todavía en 1889 se continúa insistiendo en productos agrarios «familiares» a los agricultores isleños como el cultivo de la naranja valenciana  para competir en los mercados franceses e ingleses con la producida en la España peninsular y en el norte de África, particularmente en las tierras situadas en las faldas del Atlas y en la vega de Tetuán.

 Después de haber buscado con ansia un cultivo que reemplazase al nopal; hoy que se ha desterrado la planta del tabaco de nuestros campos y que la caña de azúcar apenas presenta ventajas, creemos conveniente exponer a nuestro agricultor las ventajas que ofrece el cultivo de los naranjos… siempre y cuando se haga con cuidado y el estudio que se merece,[12] si aspiramos a que en parte pueda devolver a nuestra decaída agricultura la animación y vida que actualmente le falta, salvando al agricultor de la ruina que inevitablemente le amenaza, de continuar con los brazos cruzados, sin tomar una determinación salvadora.[13]

La naranja se daba a una altura de 200 a 300 metros. En Tenerife se plantaron en el Valle de La Orotava y en Granadilla y en Gran Canaria en Telde, con fama de ser las de mejor calidad. No obstante, a pesar de su baratura (la caja de cien unidades costaba 10 pesetas) no hubo comercio de la fruta entre Inglaterra y Canarias hasta los primeros años ochenta.[14] Sin embargo, al año siguiente de Olivia Stone escribir esto entre 1883-84, los señores de la casa comercial Miller en Las Palmas de Gran Canaria empezaron con un suministro regular con Inglaterra. A partir de esos momentos, las famosas naranjas de Canarias fueron objeto de un comercio diario considerable. El vapor Vigsnaes llegó a cargar 55 cajas de naranjas desde el Puerto de la Cruz con destino a Londres el 28 de noviembre de 1897. Llegaban a pesar, a veces, 10 onzas (283,495 gramos). Éstas, las mayores, eran las preferidas, y costaban ½ penique cada una, unos 5 céntimos de peseta. Cuatro unidades de las más pequeñas valía un penique (10 céntimos). También se vendía vino embotellado extraído del zumo de la naranja, y que solía valer una peseta la botella de clase superior.[15]

Sin embargo, cuando Daniel Morris estuvo en Canarias, en marzo de 1893, advirtió que los naranjos canarios estaban afectados por una enferme­dad grave y los isleños no tenían idea como tratarlos.  Esta enfermedad, por lo visto, había sido incubada en América y se venía arrastrando desde hacía unos veinte años. Según el doctor tinerfeño Víctor Pérez, la misma atacaba igualmente al tronco que a las raíces, haciendo que se pudrieran, y, consecuentemente, el árbol se secaba.

Ninguno de los productos aquí expuestos servían de referencia para la recuperación de una crisis que se estaba extendiendo a lo largo de toda la década de los ochenta. Pero mientras en las islas se seguía insistiendo en los cultivos tradicionales y se recomendaba prestar atención a los nuevos productos agrarios, todos de baja rentabilidad productiva, la economía mundial, fundamentalmente la de Gran Bretaña,  estaba incorporando zonas nuevas de la periferia, demandando artículos de consumo del campo.

DE NUEVO GRAN BRETAÑA, PAPAS Y CEBOLLAS.

La demanda de algunos de los nuevos productos alimenticios iría a vincular a las islas con su tradicional mercado británico. El Reino Unido había apostado fuerte por el librecambismo en la era del imperialismo y tal planteamiento significó el sacrificio del sector más deprimido de la economía británica: la agricultura. La depresión agrícola de la década de 1870-1880 significó la hora de la verdad para Gran Bretaña,[16] pues puso de manifiesto que la agricultura no podía abastecer la creciente demanda de alimentos de las zonas urbanas e industriales de la isla. Para hacer frente a la situación, se abandona los cereales en beneficio de la ganadería y la producción láctea, la carne de baja calidad es sustituida por reces de más calidad y el campo por el huerto y el jardín.[17] Las tierras de cultivo se iban convirtiendo en pastos con vistas a la provisión de carne,[18] e Inglaterra necesitaba de fuertes importaciones de materias primas de ultramar para intercambiar los productos manufacturados británicos, reforzando así la «simbiosis entre el Reino Unido y el mundo subdesarrollado, sobre el que se apoyaba fundamentalmente la economía británica».[19] Lo que en otras palabras significaba la búsqueda de mercados. Para resolver este problema se procedió a intensificar los intereses comerciales con las colonias antiguas y crear nuevas. Estrategia que fue emulada por el resto de los países industrializados europeos, surgiendo de esa manera la nueva expansión imperialista. Por otro lado, fomentan la especialización económica de zonas periféricas en el producto o productos que en ellas se dan con más facilidad o menores costes. Canarias era una de esas zonas ideales para el establecimiento de un mercado alimenticio por su clima templado y bajo coste de producción. Consecuentemente, dirigieron su mirada a los productos agrícolas susceptibles de exportación: papas, cebollas, tomates y plátanos. Se apoyaron en las casas comerciales establecidas en la isla (Hamilton and Co., Davidson & Co., Peter S.  Reid, etc.); en la línea naviera más antigua que operaba en las islas, desde 1869, la British and Africam Steam Navigation Company de Alexander Elder y John Dempster;[20] en nuevos hombres de negocios venidos expresamente para tales fines como Henry Wolfson, Richard Blandy, Cecil Barker, Richard J. Jeoward, etc.

Serán, pues, las nuevas demandas alimenticias de Gran Bretaña las que vuelvan a vincular a las islas, y en especial a Tenerife, Gran Canaria y La Palma, con el área de la libra esterlina. Fue como una válvula de escape a la maltrecha economía isleña o al menos palió algo el déficit comercial que se estaba padeciendo en las últimas décadas del siglo.

Las papas bien conocidas en Gran Bretaña desde el siglo XVI, se convirtieron  en Irlanda en el monocultivo por excelencia y, consecuentemente, en el alimento básico de la población y su exportación se orientó hacia Inglaterra, pero la enfermedad del hongo phytophtora infestans, que asoló a Irlanda entre 1846-47,[21] supuso un duro golpe a su producción, ocasionando lo que se conocería como la gran hambruna de 1846, con tres millones de emigrantes, un millón de muertos y un país hundido en la miseria. Los cosecheros y arrendatarios dejaron de cultivarla para dedicarse a la crianza de ganado bovino y vacuno.[22] De esta manera Inglaterra se vio privada del tal preciado tubérculo, lo que le indujo a potenciar la iniciativa privada para su aclimatación en zonas más templadas como Canarias, donde ya se cultivaba el tubérculo. Era evidente que los británicos conocían las ventajas de la vertiente norte de las islas para la producción de papas tal como lo había resaltado Alexander von Humboldt a raíz de su visita a Tenerife en 1799. El naturalista alemán calculó que una misma extensión de terreno que producía 30 libras de trigo producía a su vez 1.000 libras de papas. Los ingleses establecidos en las islas por razones comerciales sabían que en las tierras fértiles de Canarias se daban tres cosechas al año sobre la misma tierra cultivada, mientras en el Reino Unido solamente se daba una. En el Valle de La Orotava se plantaron hasta cerca de la costa, aunque tenían que ser terrenos de riego. Un poco más arriba, el suelo estaba ampliamente mezclado con toba y piedra pómez desmenuzada, lo que permitía que se plantase sin necesidad de riego. Una papa muy robusta y fecunda, pero pequeña, del país y de un sabor inferior, llamada «palmera» se plantaba para el consumo local o para embarcar a las Antillas.[23]

Los ingleses introducirían nuevas variedades de semillas, la Up to date desde Irlanda, la King Edward desde Escocia -variedades que en castellano corresponden a la ortodate y quinegua, respectivamente- Suow-drop, Magnum Bonum, etc., para satisfacer no solamente el mercado inglés sino también para exportarlas a Estados Unidos, Cuba, Jamaica y a casi todas las islas de las Antillas. Probablemente desde esas fechas procedan también las variedades Kerr´s pink y Arramn banner. En el Puerto de la Cruz eran vendidas para su embarque a 1 dólar y 25 centavos el quintal, unas 6 pesetas con 25 céntimos .

Las semillas eran embarcadas desde el Reino Unido en septiembre y octubre –según Samler Brown otra parte de la semilla procedía del continente-. Aquí se recibían entre octubre y noviembre. Ya a finales de enero se recogía la primera cosecha, que era vendida rápidamente en Inglaterra hasta finales de mayo.[24] Las otras cosechas estaban listas para ser recogidas en junio, mientras que una tercera se planta en marzo y se recoge en julio. La semilla Magnum bonum estaba muy extendida en Tenerife. Se importaban de 60 a 70 toneladas.

   Las papas de semillas, generalmente Magnum bonum, se recibían entre octubre y noviembre. Aquí se planta todo tipo de papas, y el abono usado es fundamentalmente artificial. La producción en los años buenos es de 6 a 8 fold. La enfermedad de la papa está muy extendida, y la mezcla de Burdeos debería ser tratada asiduamente como se recomendó para el tomate.[25] Las papas canarias recibidas en este país [Inglaterra] son excelentes y se venden enseguida, agotándose a finales de mayo. En 1893 fueron exportadas 15.101 cajas. En la primera mitad de 1894 se exportaron 32.600 cajas. El total de exportación de Gran Canaria y Tenerife sería de unas 50.000 cajas.[26]

Los primeros embarques comenzaban a salir en los últimos días de enero. Parte de este comercio se realizaba en el muelle del Puerto de la Cruz. La fuerte demanda existente en Inglaterra de la papa de la isla favorecía una fuerte especulación. Comenta Isaac Latimer cuando el vicecónsul británico de origen escocés en el Puerto, Peter Reid, estaba despachando papas a los Messrs. Elder, Dempster and Co. para colocarlas en el mercado inglés:

 Él [Mr. Reid] estaba despachando un enorme envío de nuevas papas a los Messrs. Elder, Dempster and Co.  de Liverpool para venderlas en el Norte de Inglaterra. El precio de éstas estaba a 3s. por 132 lb., excluido el transporte, y las nuevas papas en Inglaterra eran vendidas en ese tiempo a 3d. por lb., o a la razón de 33s. por las 132 lb. Aquí hay un inmenso margen de beneficio, y el mercado no debería estar limitado a la emprendedora casa de Liverpool. El próximo año las papas serán abundantemente cultivadas en las islas y formarán un producto agrícola valioso, puesto que pueden ser enviadas a Inglaterra antes que desde ningún otro país.[27]

Ese interés mostrado por los británicos con la papa animó a los propietarios isleños a prestar mayor atención a su cultivo. Junto con la cochinilla y las cebollas, será el único producto de exportación destacable.

También la batata (Ipomoea batatis) era extensamente cultivada. Daba hasta dos y tres cosechas al año. Sus hojas eran muy apreciadas como alimento para el ganado y su bulbo formaba parte de la dieta de los pobres de las islas.

El otro producto agrícola que los ingleses prestaron atención fue la cebolla. En Inglaterra se usaba como condimento en carnes, sopas y para la elaboración de salsas picantes como la Suace Robert que acompañaba a la carne de cerdo y la Sauce Soubine para las chuletas de cordero.[28] Era más lucrativa que la papa. Se cultivaba mucho más en invierno en zonas de costa y en terrenos de regadío. Jugaba el mismo papel que la papa para los isleños, pues, por un lado, era cosechada para el consumo interno, y por otro, para el mercado inglés, aunque con anterioridad, junto con la papa, había sido embarcada para Cuba. El negocio que suponía la exportación de este bulbo fue grande. Se exportaba semillas de cebollas, cebollinos, hacia Texas, en sus tres variedades cuidadosamente cultivadas: la Yellow Bermuda, la Red Bermuda y la Cristal Wax. La más cosechada era la Yellow Bermuda.[29] Las exportaciones eran realizadas desde el Puerto de la Cruz por Peter Reid. Prácticamente toda la Chiripa, San Fernando, Risco de Oro y alrededores del Puerto de la Cruz hasta el final de la Sortija (trasera del hotel Taoro) eran plantaciones de cebollas. Era también muy cosechada en los pueblos de Arafo y Güímar. La cochinilla, las papas, la cebolla, el tabaco y muy poco vino cubrían las exportaciones de las islas, sobre todo las dos primeras hacían presagiar perspectivas económicas satisfactorias a los agricultores por la buena venta que tenían en el Reino Unido.

 La presente cosecha de papas y cebollas en nuestro Valle está alcanzando un precio relativamente alto, en atención a que en los terrenos de la costa se plantaron papas tempranas que han comprado caras los extranjeros, hasta el punto de haber venido a cargar las mismas el día 10 del corriente dos vapores que fondearon en el Puerto de la Cruz.[30]

El éxito de la producción de papas y cebollas, además de guisantes, judías y otras legumbres, fue adquiriendo importancia en Tenerife, pero sobre todo las papas, que a finales de los noventa fue la isla más importante en su producción y pronto se convirtió en el producto de exportación por excelencia de Canarias. [31] Por estos años la agricultura de subsistencia amplió su abanico agrícola. Junto a esos productos, aumentan las plantaciones de los cereales maíz y trigo; hace su aparición el nogal, cafetales y olivos; árboles frutales como guayaberos, aguacateros, perales, manzanos, ciruelos, higueras, almendros, castañeros, datileras, mangos, melocotoneros, aumenta la plantación de la pina, y otras tantas especies que sería prolijo enumerar.

LA NUEVA RECONVERSIÓN ECONÓMICA ¿PLÁTANOS, TOMATES O TURISMO?

Pero ninguno de estos productos agrarios, a excepción de la papa y la cebolla aunque tampoco nada lucrativos, merecían destacarse como productos de exportación. Por tal razón, la oligarquía isleña, tanto la comercial como la agraria, necesitaba nuevas perspectivas para su recuperación económica. Sin embargo, ¿se auspició el cambio agrícola en la búsqueda de un cultivo de plantación nuevo?. Una aproximación rigurosa a la historia de la agricultura canaria desde 1880 hasta prácticamente finales de los noventa nos dice que no. Es verdad que algunos propietarios apostaron por los nuevos cultivos. Pero fueron muy pocos en comparación con la atención que prestaron los británicos, como veremos más adelante. El fracaso de la cochinilla, la frustración que se padeció con los cultivos alternativos (tabaco, caña de azúcar y vino) y con el tándem  papas y cebollas originaron serias dificultades comerciales y monetarias que, a su vez, provocaron desánimo y desencanto, además de una cierta desconfianza y falta de iniciativa inversionista. ¿Cuál fue entonces, en esta fase de transición, la salida que se optó para su recuperación?. El arrendamiento de  bienes  inmuebles  y  tierras  a  los  británicos, y en muchos casos  a la  venta de terrenos; y fundamentalmente en Tenerife, pues la dinámica en Gran Canaria fue diferente. Lo  primero supuso la apuesta por el turismo y lo segundo, las facilidades que encontraron los británicos para explotar los nuevos productos agrarios de plantación: los tomates y los plátanos. Tales opciones ponen de manifiesto el tímido interés mostrado por los propietarios isleños ante esos nuevos cultivos. En efecto, mientras los agricultores isleños estaban insistiendo en los cultivos de subsistencia y algo en la papa y la cebolla, los ingleses desde los años setenta ya estaban prestando atención a los nuevos productos de plantación.

Hasta ahora los historiadores canarios hemos creído que la estrategia de la mayor parte de los empresarios agrícolas isleños para remontar la crisis sería con el cultivo del plátano, el tomate y la papa, siendo considerado el turismo como algo marginal en esta fase de transición agraria (1880-1900).[32] Es más, se consideraba que el turismo fue una consecuencia del desarrollo de la explotación de ambas frutas por los británicos. Es decir, la evolución del sector exportador fue el preludio indispensable a la puesta en marcha del sector turístico. Sin embargo, tal hipótesis es históricamente insostenible. En mi opinión, lo máximo que se podía considerar es que tomates, plátanos y turismo se yuxtaponen en el tiempo, pero nunca se puede afirmar ni que la mayoría de los propietarios de Tenerife optaron por los nuevos productos agrarios ni que el turismo se establece al socaire de ese desarrollo. Al contrario, la apuesta de los propietarios isleños por el tomate y el plátano fue bastante tímida, por no decir nula, sobre todo en Tenerife, y por el contrario fue mucho mayor por la industria turística. Insisto de nuevo que nos estamos refiriendo a Tenerife, ya que en Gran Canaria parece que tuvo otra dinámica, pues el proceso de incorporación de cada una de ellas fue en cierto modo diferente, aunque exhibieron similitudes en sus rasgos esenciales. Mi intención es presentar una síntesis, que en absoluto pretende agotar la discusión, sino abrir el debate, de cómo se fraguó la agricultura de plantación en esa fase de transición para ver con mayor claridad esta conclusión.

La iniciativa de los británicos con los dos nuevos productos de exportación (plátano y tomate) es completamente diferente a como había sido anteriormente, pues si hasta entonces su  actuación con las papas y las cebollas había ocupado solamente su comercialización, no sucedería lo mismo con el tomate y el plátano. Con estos dos nuevos productos el papel jugado por los empresarios británicos fue mucho mayor que el desempeñado por los isleños, ya que se desarrollaron por iniciativa eminentemente británica. El desempeñado por los isleños fue escaso en esa etapa inicial. Por lo tanto, la iniciativa británica fue más allá de lo meramente comercial, adentrándose en el terreno de su promoción y expansión, además de la organización de la infraestructura empresarial para su explotación y comercialización. El protagonismo jugado por los británicos, como veremos enseguida, ha conducido a algunos historiadores a afirmar que jugaron un papel importante en lo referente a la «financiación» para la puesta en marcha. Es una verdad a media. Los británicos financiaron sólo lo referente a la experimentación de las frutas en las fincas, compradas o arrendadas, pero en ningún momento facilitaron préstamos a los cosecheros isleños para su puesta en marcha. Se simplifica exageradamente cuando se reduce una realidad agraria compleja a unas cuantas proposiciones basadas en hechos históricos que sucedieron mucho más tarde, entrado el siglo XX. Un estudio específico de cómo se dio esta intervención británica en el sector agrario en estos primeros años está aún por hacer. También se hace necesario saber por qué los propietarios isleños reaccionaron ante los nuevos productos como lo hicieron. Sin embargo, a sabiendas del vacío existente, intentaré aquí aproximarme al tema con la esperanza de que este error historiográfico sea revisado. Este acercamiento también sirve para ver cómo muy pocos propietarios isleños recurrieron al tomate y al plátano como fórmula alternativa para remontar la crisis en la década de los ochenta y siguiente, y sin embargo sí recurrieron al turismo, al arrendamiento de inmuebles en muchas ocasiones con fines turísticos y al arrendamiento o en menor medida a la venta de terrenos productivos a los británicos. Empecemos a examinar el cambio agrícola producido por la iniciativa de los británicos para ver a continuación cómo se despertó el interés por el turismo entre los hacendados isleños.

Ambas frutas eran bien conocidas en Canarias. El plátano, en sus variedades de Musa sapientum y Musa paradisiaca, habían sido traídas a Canarias en el siglo XV por los portugueses desde África occidental. Ya autores británicos tan tempranos como Thomas Nichols, George Glas y otros nos hablaron de la existencia de estas variedades en las islas. El historiador británico Peter N. Davis nos hace llegar la referencia de un artículo publicado en The Universal Magazine of Knowledge and Pleasure publicado en Londres, abril de 1748, pág. 532, que dice así:

 …Canary Island (Gran Canary) is exceeding fruitful, and the soil fertile that they have two Harvest in one Year, its Commedities are Honey, Wax, Sugar [sic], Oad (?), Wine and plantains,[33] which bear an Apple like a Cucumber, which when ripe, eats more deliciously than any Comfit. (Pear).[34]

Aparte de esas variedades, Viera y Clavijo hace referencia a la variedad del plátano oriental que recientemente había sido introducida en las islas y plantada en el Jardín Botánico de La Orotava, con excelentes resultados, bajo los auspicios del Marqués de Villanueva del Prado.[35]

Sin embargo, no serían estas variedades las que se extenderían a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La nueva variedad cultivada fue desde entonces la Musa chinensis o Musa cavendishii, también conocida como “banana enana”.[36] Su cultivo no se extendería masivamente en esta temprana fecha entre los agricultores, aunque se originaría un mercado de abastecimiento interno en la isla, al menos en el Valle de La Orotava. En la hacienda de La Fajana, situada entre La Orotava y Los Realejos, propiedad de Alonso Méndez Fernández de Lugo, desde 1833, junto a las cebollas, cebada, otro productos, existía un importante mercado de la preciada fruta.[37] Sin embargo, a partir de la década de los sesenta el plátano musa chinensis aparece ya muy cultivado en la costa norte -fundamentalmente dentro de los patios de las casas, junto a otras variedades de plátanos mucho más duro y que se solía comer cocido en vez de crudo- en los jardines, en las laderas y en las llanuras hasta una altura de 400 a 600 metros.[38]

El plátano conoció una rápida propagación desde su introducción en Canarias, pero no fue un producto agrario de exportación sino sólo de consumo personal y local. Se empleó su producción como fertilizantes naturales, a pesar de que en las islas ya había  abonos artificiales. Con las hojas y los tallos (rolos) de la platanera alimentaban al ganado (los bueyes empleados en tirar las carretas y en labranza) y utilizaban su estiércol para fertilizar la tierra.[39] Era una fruta muy generalizada en la alimentación insular, muy barata y de la que «los nativos nunca parecen cansarse».[40] Era tan grande su excedente, que el plátano también se solía enterrar para conseguir una mayor fertilidad del terreno.[41] En consecuencia, era considerado como un subproducto, sin valor lucrativo,[42] y más bien un  artículo de subsistencia.[43]

El tomate, aunque no contó con tanta antigüedad como el plátano, también era conocido en Canarias. En el informe presentado a la Journal de l’ Agriculture des pays chauds en el curso de los años 1865 y 1866, y publicado como separata en París en 1867 bajo el titulo «De la vegetación de las Islas Canarias», escrito en francés por los doctores Víctor Pérez y P. Sagot -separata que parece destinada a recoger los cultivos de las Canarias para su posible introducción en Argelia y las colonias francesas- se recoge el tomate (Lycopersicon esculentum) como un producto que se cultivaba en abundancia en las islas, coincidiendo con el extraordinario desarrollo de su cultivo en los países mediterráneos durante la centuria decimonónica, especialmente en Italia. En Tenerife, también se cultivaba el delicioso «Árbol Tomate», (Cyphomandra betacea), del cual los ingleses obtenían exquisita mermelada y gelatina. Sin embargo, esta variedad era importada en Inglaterra fundamentalmente desde Madeira.  Morris llama la atención sobre ello y no duda en afirmar «que merece ser más ampliamente cosechado en las Canarias, tanto para su consumo local como para su exportación».[44]

El tomate, a pesar de ser cosechado, curiosamente no era comestible en las islas. Por regla general no se comía porque se creía que tenía efectos negativos sobre la sangre. Era rechazado entre los naturales de las islas en la dieta y ni siquiera era un producto de comercialización entre las mismas. En todas las fuentes, tanto documentales como bibliográficas, sobre la dieta del isleño no aparece el tomate como parte de ella. A esta regla gastronómica se puede omitir la dieta de los hacendados isleños, mucho más permeables a las influencias extranjerizantes europeas. Por lo tanto, en Canarias se carecía de una cultura culinaria y empresarial del tomate .

Pues bien, mientras en el archipiélago el plátano era un producto ordinario, utilizado como abono y para consumo entre los pobres y el tomate era indiferente en la dieta, en Europa, especialmente en Gran Bretaña, eran unas frutas raras, exóticas, exquisitas, unos artículos de lujo. Los productos conocidos desde hacía mucho tiempo como «coloniales» (azúcar, té, café, cacao y sus derivados) eran vendidos en las tiendas con gran éxito,[45] pero no gozaron de la misma suerte las frutas tropicales y subtropicales por la ausencia de transportes adecuados. Los plátanos, a pesar de eso, habían llegado a los mercados de Londres por iniciativa de los navegantes a lo largo del siglo XIX, aunque con muchas dificultades. La fruta se recogía verde, pero maduraba rápido debido al calor y a la tardanza de la travesía. Como resultado de ello no existía un mercado regular establecido[46] y en las Islas Británicas muy pocos los habían probado.[47] Por tal razón, raramente se veían en los mercados, y en consecuencia eran consumidos raramente por los ricos y rechazados por los pobres.[48]

Por el contrario, el tomate empezó a ser un alimento popular entre los británicos, fundamentalmente a partir del último cuarto del siglo XIX, y era cada vez más apreciado para hacer salsas y considerado un vegetal muy útil para las malas digestiones.[49] En Gran Bretaña se hacían grandes esfuerzos para cultivar ambos productos agrarios (plátanos y tomates) en los invernaderos de los jardines particulares. Por lo tanto, los ingleses tenían mucho interés en su explotación.

Con la mejora del transporte marítimo se solucionó el problema.[50] Conocedores los empresarios ingleses de las navieras que desde hacía tiempo operaban en la costa occidental de África (Elder, Dempster & Co., Ferwood Bros y otras) de la demanda del plátano en su país, aprovechan los espacios libres de los barcos para embarcar la fruta a Inglaterra desde Tenerife y Gran Canaria. Thomas Fyffe fue tal vez el primero que hizo estos primeros escarceos de envíos, puesto que con él comenzó de una manera regular la comercialización desde Canarias, particularmente desde Gran Canaria. James Hudson, uno de los hermanos de Hudson Company, se asoció con Thomas Fyffe para exportar carbón y té desde Inglaterra a Canarias e importar vino y otros productos desde Madeira.[51] Hudson se estableció en el Covent Garden mientras Thomas Fyffe se trasladó a las islas como agente de una flota de barcos carboneros ingleses e importador de té y se estableció en Las Palmas de Gran Canaria en 1870.[52] Para preservar la fruta verde, Fyffe logra controlar su temperatura envolviéndola en algodón, para aislarla, y la envía en cajas abiertas sobre cubierta. A la temperatura uniforme a la que viajaba el plátano llegaba todavía verde a Inglaterra y podía madurar allí antes de venderse.[53] Tales operaciones empezaron a realizarse en la década de los setenta.[54] El mercado no se limitaba solamente a Londres, sino incluso a otras partes de Europa, como Marsella –según el médico William Marcel aseguró en 1878-.[55] En ese mismo año, Peter Reid desde el Puerto de la Cruz, hace los primeros intentos de exportación de plátanos en pequeñas cantidades.[56] Reid lograba embarcarlos utilizando las tablas y la paja que envolvían las lozas importadas por él desde Inglaterra para cubrir los racimos.[57]

Estos primeros embarques tuvieron un éxito absoluto. A partir de entonces no se detendría el lucrativo negocio en manos de los británicos. En una fecha tan temprana como en octubre de 1883 ya se embarcaba gran cantidad de plátanos para Londres. En ese mes fueron embarcados desde el Puerto de la Cruz hacia Londres 953 toneladas.[58] Al año siguiente, 1884, Alfred Lewis Jones, socio de la Elder, Dampster & Co., compañía naviera que cubría la ruta de Liverpool, Glasgow y África occidental se estableció en Las Palmas de Gran Canaria para suministrar carbón a sus barcos y pronto se ligará con la producción platanera en la isla. Ahora se trataba de hacer llegar el plátano a Liverpool. Jones tuvo que persuadir a los comerciantes de Merseydide (Liverpool) para que hiciesen un esfuerzo y promocionasen el delicado y exótico plátano porque desconocían la fruta. El mismo Jones trató de convencer directamente a los barrows boys (vendedores ambulantes de frutas) de Liverpool.[59] La respuesta fue positiva y a partir de ese momento se estableció una creciente demanda de plátanos, primeramente en Liverpool y después por todo el noroeste de Inglaterra. Convencido Alfred L. Jones del importante mercado que se divisaba para él, decidió establecer una sucursal de Elder, Dempster & Co. en la capital en 1885. Inmediatamente, de las escasas 10.000 piñas que se enviaron al Reino Unido en 1884, se pasó a 45.000 en 1885, y al año siguiente a 50.000.[60] De esta manera, a mediados de la década se comercializa por canales normales, con el consiguiente despegue de la producción platanera.

Un impulso definitivo se dará en 1887, cuando visita las islas el que rápidamente sería el mayor importador del plátano canario en Gran Bretaña: Edward Wathen Fyffe. Se encontraba en los comienzos de sus treinta años cuando se trasladó a Canarias en 1887 donde permaneció todo ese año y parte del siguiente.[61] Inmediatamente llegó a acuerdos comerciales con algunos de los miembros más destacados de las pequeñas colonias de británicos establecidas en Gran Canaria y Tenerife (Barkers, Leacocks, Blandys, Wolfson, etc.). Un año después, comenzó a operar la casa comercial Fyffe’s Ltd.

Pronto, la iniciativa británica ya no se reduciría a la exportación de la fruta, sino que también ocuparía su producción. Arriendan y compran terrenos allí donde había suministro seguro de agua. En este sentido proceden al arrendamiento de acciones de aguas y de fincas en el Puerto de la Cruz, La Orotava, Los Realejos, Icod y Garachico. En 1893 Morris diría:

Las plantaciones de plátanos están enteramente en las manos de los canarios. Ningún europeo parece administrarlas tan bien debido al complicado sistema de la naturaleza de la tenencia de la tierra y  las dificultades con el agua y la mano de obra.[62]

Los británicos proceden a aplicar innovaciones técnicas propias de una agricultura científica para racionalizar y aumentar la calidad de la producción, conocimientos que los propietarios locales carecían para su cultivo. Los isleños desconocían por completo que los plantones tenían que conservar una distancia mínima entre ellos ‑«estaban tan pegados unos de otros que era casi imposible caminar por el medio»‑. En los mismos surcos se plantaban papas y otros productos.[63] Por esta razón, los racimos, en el momento de cortarse, pesaban de 5 a 6 kilos.[64] A esto habría que añadir que, excepto muy pocos, los propietarios isleños prácticamente descapitalizados y remisos a experimentar con nuevos cultivos, eran incapaces de invertir para mejorar la producción y crear la infraestructura que demandaba el cultivo de la nueva fruta.

Sin embargo, según los métodos utilizados por los ingleses los plantones deberían estar a una distancia aproximada de 2 metros el uno del otro, libre el terreno de otras cosechas.[65] Introdujeron técnicas de control de plagas y fumigadoras ‑los cosecheros locales usaban cubos‑ con desinfectantes mucho más eficientes, etc. De esta manera lograban obtener unos racimos mayores que contenían de 150 a 250 plátanos en cada uno. El precio de una piña de 180 «fingers» o plátanos ya alcanzaba en el año 1892 la cantidad de 2½ y 3 pesetas para embarcar. La tierra volvió a revalorizarse y alcanzó en 1898 hasta un precio de £1.000 por acre (entre 25.000 y 30.000 pesetas). En ese mismo año la piña de plátano llegó a costar 5 pesetas, cuando no hacía algunos años se pagaba a 2½ pesetas.

Por otro lado, la oferta de trabajo iba en aumento. El embalaje era hecho completamente por las mujeres, quienes llegaban a cobrar hasta 1 peseta al día, mientras, los hombres trabajaban en el empaquetado y la tierra, llegando a ganar 2½ pesetas.[66] Estos bajos salarios, junto a otras condiciones, facilitó enormemente el desarrollo del mercado bananero y produjo grandes beneficios. El Valle de La Orotava en el norte de Tenerife, las vegas de Arucas y de Gáldar-Guía en Gran Canaria y en menor medida en La Palma y La Gomera conocieron la temprana expansión.

A lo largo de la década de los noventa se realizó alguna que otra compra de terrenos, siempre teniendo en cuenta el suministro de agua, siendo la más destaca la de la finca de la Hoya Grande (Adeje). Tenía una superficie de 198 fanegadas y estaba destinada al cultivo del nopal para cochinilla, tabaco, maíz, papas, cebollas y árboles frutales. Poseía estanque y atarjeas para riego procedentes de las aguas de la galería Tejerea y Zauce. Su propietario, José María Herrera Pérez, quedó arruinado, como muchos otros isleños, tras el hundimiento de la grana. Para hacer frente a la crisis, en el año 1872 pidió un crédito al Banco Hipotecario de España en Madrid por valor de 350.075 pesetas, para lo cual tuvo que hipotecar la finca como garantía.[67] Ante la imposibilidad de librar la deuda contraída, en diciembre de 1882, el banco promueve en el juzgado de Madrid un expediente de posesión de la Hoya Grande y en enero de 1885 el juzgado de Primera Instancia de la capital se la adjudica. Diez años después, en diciembre de 1895, el Banco Hipotecario vende la finca a Richard Ridpath Blandy, Eduard Cecil Barker (ambos de Las Palmas de G. C.), Henry Wolfson Ossipoff (vecino de Santa Cruz),  Edward Wathem Fyffe y James John Hudson, residentes en Londres, por el precio de 260.000 pesetas, de las cuales quedan adeudando los compradores 234.000 pesetas. En garantía, los nuevos propietarios hipotecan la finca.[68] En 1896 Hudson y Fyffe forman en Londres la compañía Fyffe Hudson & Co. Los pingues beneficios dados a la compañía por la exportación de plátanos y tomates permitió liquidar la deuda en 1901. Más tarde, en marzo de 1902, es vendida a Elder and Fyffes Ltd, empresa formada por Roger Ackerly, Henry Stockley, Cesil Barrer, Henry Wolfson,  Leacock y Alfred Jones para llevar el negocio del plátano en Jamaica y Canarias. Tras la unión Henry Wolfson compró una casa en la playa de Adeje, desde donde muy probablemente exportaban la fruta, aparte de arrendar bastantes tierras en el mismo municipio de Adeje y Arona. A pesar de que la política que predominaba en Fyffes Ltd. era el arrendamiento, a lo largo de los años, ya en el siglo XX, continuará adquiriendo propiedades (Los Olivos, en Fañabé, Los Altos, terrenos en El Esquilón [Puerto de la Cruz], Garachico, Icod, etc.) y utilizando un sistema de arriendo muy singular que yo llamaría arriendo-hipotecario. Consistía en arrendar tierras o garantizar la compra de plátanos a través de actividades crediticias, un sistema mucho más usado en las primeras décadas del siglo XX, y por lo tanto no corresponde al periodo cronológico en el que estamos. Dado que el agua era de suma importancia, se dedicaron a arrendarla por horas e intervinieron activamente en la adquisición de acciones en las galerías. Para aumentar el alumbramiento de aguas Hamilton & Co. llevaría a cabo una importante inversión hidráulica en 1898 con la formación de la sociedad anónima de aguas «La Gordejuela» (Realejo Bajo).[69] Se trataba de elevar las aguas de los manantiales del lugar, situados a 50 metros del nivel del mar, hasta la cima del acantilado situado a una altura de 270 metros mediante un sistema de bombeo.[70] Suministraba el agua a Fyffes y a través de unos acueductos la distribuía hasta Santa Úrsula, La Victoria y Sauzal. Supuso una gran inversión valorada en £40.000 (entre 900.000 y 120.000 de pesetas),  y al final acabó en fracaso.[71]

Pero si bien la política de la casa comercial Fyffes Ltd para la expansión de los cultivos de plátanos y tomates fue el arrendamiento y en menor medida la compra de finca, diferente fue la dinámica empleada por Yeoward Bros. Ésta era una compañía que comenzó sus actividades en las islas como naviera dedicada al transporte de plátanos a Liverpool y Londres. Inmediatamente la línea comienza a ofertar billetes de ida y vuelta duradero por 12 meses todos los miércoles desde Liverpool, Lisboa, Madeira y Las Palmas y los sábados crucero directo hasta Las Palmas de G. C. Alrededor de 1902 establece sus propias oficinas en el muelle de Santa Catalina y Santa Cruz. Sin embargo, pronto se percata del potencial económico que ofrecía la explotación del plátano en Tenerife y decide invertir en el Valle de La Orotava. En 1918 Luis Francisco Carlos E. Artus, apoderado de Richard Joseph Yeoward en Tenerife, compra la casa de la familia Sotomayor y González de Chaves en la calle San Juan (antiguo hotel Marina) e instala sus oficinas. Es el comienzo de la actividad financiera de Yeoward Brothers  en la explotación de la fruta. También arrendarían tierras y concederían créditos, pero en una proporción mucho menor que sus compatriotas. Sus inversiones se dirigieron fundamentalmente a la compra de terrenos y propiedades.

Con respecto al tomate, la nueva variedad que introdujeron los ingleses fue la llamada Perfección. En Gran Canaria se le debe al inglés Blisse, que llegó a la isla como encargado de la Swaston & Co para cultivar hortalizas en una finca que tenía la compañía en Telde.[72] Por su parte, su introducción en Tenerife la realizó Henry Wolfson en 1887.[73] Vino a Tenerife en las primeras semanas del año 1886, y después de una corta estancia en la isla regresó a Inglaterra.[74] Regresó al años siguiente como agente de Burrel Co. y a los pocos meses se asocia con la compañía inglesa y forma The Burrel, Wolfson & Co. En Londres, junto con Burrel, formaliza The Tenerife Gaz and Cock Company. Retorna a la isla a finales de abril de 1887 acompañado del ingeniero T.H. Priestman para hacer los estudios y plazos para el alumbrado de gas de Santa Cruz.[75] Pronto se da cuenta de las posibilidades de la explotación del tomate, desatendido por los propietarios isleños, y comienza a interesarse por su cultivo. La semilla se importaba cada año desde Inglaterra. Los primeros maduraban en noviembre y diciembre; los segundos, considerados como los de mejor calidad, de enero a marzo. También se recogía verde, se seleccionaba cuidadosamente según su calidad, se envolvía en papel  con  serrín  dentro  de  cajas de madera, de alrededor  de  unas  40  libras  de  peso, y eran distribuidas en Londres a 2 peniques (20 céntimos de peseta) por libra. Las primeras cajas fueron exportadas desde Tenerife en 1887. Su cultivo se incrementó a pasos agigantados, debido a su aprecio en los mercados londinenses por su gran tamaño y buen sabor. Pronto llegó a ser considerado como el negocio de exportación más rentable en las islas.[76] A finales de la década de los noventa del siglo XIX existía ya un considerable mercado hacia Londres desde el Puerto de la Cruz. El periódico Iriarte, en su edición del domingo 28 de noviembre de 1897 da la noticia del embarque de 744 «atados de tomates» para ser vendidos en el mercado londinense de Covent Garden.

El protagonismo británico sobre el tomate se desarrolló de tal manera que casi la exclusividad de la producción tomatera se exportaba a ese país. Su cultivo originaba tales beneficios, que un distinguido residente en el Puerto de la Cruz, Osbert Ward, llegó afirmar en 1902:

El fruto del tomate puede desarrollar enfermedades en su ruta hacia Inglaterra, pero los beneficios son tan grandes cuando se da una buena cosecha que compensan cuando se dan varias malas.[77]

Por lo tanto, en líneas generales, ambas frutas, salvo pocas excepciones, fueron desarrolladas intensamente por los británicos desde finales de la década de los ochenta del siglo XIX en la isla de Tenerife y en Gran Canaria.[78] En estos años iniciales la fruta se embarcaba con Elder and Dempster Co. -la mayor compañía exportadora de plátanos establecida en las islas-, la Ferwood Bros., naviera que emplearía los nuevos barcos especializados desde la década de los noventa[79] y la Yeoward Bros, aunque esta última a comienzos del siglo XX.

Mientras todo esta iniciativa agraria estaba desarrollándose de manos de los británicos, ¿que sucedía entre los propietarios locales?. ¿Cuáles eran sus miras?. Igual como le sucedió a la cochinilla, el tomate y el plátano también tuvieron oposición y desinterés por parte de los hacendados agrícolas en su introducción, no sólo por su poco aprecio entre los isleños sino también por la poca predisposición a cambiar los cultivos, como recuerdan todavía muchos hacendados locales de los comentarios de sus abuelos. Esto explica que todavía en 1885 se siga insistiendo en la caña de azúcar[80] y en el tabaco -a sabiendas que no eran artículos de exportación viables-[81] porque confiaban en que en un futuro inmediato llegarían a serlos. Sobre todo en el tabaco de Tenerife, después de las expectativas en la Exposición de Manufacturas y Productos de las Islas celebrada en el mes de mayo de 1892 en Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, respectivamente.[82] A pesar de que la depreciación del valor de la cochinilla seguía su curso, los propietarios de tierras seguían comprometidos en su explotación, convertida todavía en toda la década de los ochenta en el producto agrícola que más beneficio daba. Aún en el año 1887, la cochinilla estaba muy extensamente cultivada -aunque la anilina ya había arruinado su comercialización- y tanto en Tenerife como en Gran Canaria los propietarios se resistían a dejar una industria que tanto beneficio había dado y con la cual tanto dinero se había gastado.[83] Los plátanos y los tomates no eran considerados productos que merecieran la atención para la tan deseada recuperación económica. Uno, el tomate, ni se comía. El otro, el plátano, era un artículo de subsistencia para matar el hambre. Además, si algunos propietarios locales se plantearon acercarse a estos productos, muy pocos podían hacerlo en las mismas condiciones que los británicos, que no sólo tenían la tecnología adecuada para su explotación sino también el capital y los medios de transportes marítimos. La calidad del plátano entrañaba unos desembolsos económicos (cortar las cañas de azúcar plantadas años atrás, sorribar las tierras, tarracear los terrenos levantando enormes muros de piedras, construcción de estanques y atarjeas para almacenamiento y conducción del agua, red viaria para acceder a los plantones, gastos de abonos, etc.) que muy pocos podían costear. Unos estaban totalmente descapitalizados. Otros, aunque no padecían un situación tan alarmante, se encontraban en unas condiciones económicas algo maltrechas. Había otros que tal vez por su posición monetaria algo más holgada preferían dedicarse a la profesión de prestamistas, realizando créditos-hipotecarios a unos elevados intereses (si hasta los años setenta eran del 2%, en las últimas se elevaron alcanzando entre el 10 y el 12%) dado el gran número de propietarios y cosecheros que tuvieron que continuar solicitando préstamos para hacer frente a sus deudas tras la caída del mercado de la grana.

Psicológicamente el crack de la cochinilla y los estrepitosos fracasos de los cultivos alternativos (papas, tabaco, caña, vino, etc.), originaron el desánimo y desencanto de los sectores más acomodados de la islas y la pérdida de toda confianza e iniciativa inversionista, de espíritu emprendedor. El cónsul de Tenerife, Charles Saunders Dundas, lo reflejó muy bien con estas palabras:

 Una razón que quizás debiera tenerse en consideración en relación al hecho de que estas islas, con un clima y suelo bien favorecidos, no hacen el progreso que debieran, es por la ausencia de espíritu de iniciativa (de empresa), que en efecto no consiguen estímulo para su desarrollo.[84]

La resistencia al cambio agrario, la mentalidad rentista y la ausencia de espíritu empresarial llevaron a muchos isleños de los sectores de la terratenencia y burguesía agraria a renunciar a cualquier intento de probar con otras formas agrícolas o industriales, encontrándose por tal razón la inmensa mayoría de los campos totalmente abandonados.[85] Por lo general, los empresarios canarios, como los del resto del estado, eran más seguidores que emprendedores. Por tal razón, había entre ellos una aversión al riesgo, una ausencia de iniciativa. Adoptaron una actitud de espera, máxime cuando una reconversión a base de los productos como los tomates y los plátanos suponía asumir ciertos riesgos financieros que representaban un coste considerable.[86] En líneas generales, la mayoría de los miembros de la elite económica se mostró incapaz de plantearse esa tarea. Compromisos que impidieron a los propietarios agrícolas tomar cualquier iniciativa inversionista.

Consecuentemente, el acercamiento al tomate y al plátano por parte de los propietarios locales fue muy tímido. Sólo se realizó bien avanzada la década de los noventa del siglo XIX, por no decir en la primera década del siglo XX, cuando la demanda se consolida. Ahora bien, decir que la iniciativa sobre el plátano y el tomate fueron desempeñados por los británicos no significa analizar suficientemente su contribución. ¿Cómo fue el tímido acercamiento de algunos cosecheros locales al sistema productivo de ambos productos agrarios en sus inicios? ¿Cómo reaccionaron y se estimularon para incorporarse al cambio agrario? Para conseguir que los propietarios locales se interesaran por sus cultivos, los británicos trataban de estimular el desarrollo agrario de los productos de dos maneras. Por un lado, utilizarían la política de créditos con aquellos propietarios isleños interesados en la producción de los nuevos cultivos. Política practicada fundamentalmente por Fyffes Ltd.[87] Y por otro, garantizándoles la compra de la totalidad de la producción. Esto quiere decir, que tanto el plátano como el tomate se cultivaban bajo contrato de garantía de rentabilidad productiva. La fruta cosechada por los propietarios isleños no se ponía en el mercado libre, sino que estaba comprometida para ser enviada exclusivamente a Inglaterra.[88] A estos que producían bajo contratos se les llamaban contractors.[89] Lo mismo sucedió en Gran Canaria. Blisse alentó a los labradores de Telde a que emprendieran y practicaran el cultivo del tomate con la promesa que le compraba la totalidad de la fruta.[90]

En Tenerife, con el tomate al principio utilizaron el trueque con la papa. En 1893 Henry Wolfson intercambia papas por tomates logrando de esa manera que le prestaran atención a su cultivo los cosecheros locales.[91] Lo cual pone de manifiesto: primero la mayor consideración que se tenía a la papa entre los isleños, debido a su mejor remuneración en el mercado,[92]   segundo el aprecio que se le tenía para la dieta doméstica, y tercero, el desinterés como alimento que había hacia el tomate. Posteriormente, los británicos lograron que asumieran la plantación comprándoles la totalidad de la cosecha, garantizando así los locales la comercialización de su producción bajo contrato.

Tomando como base la producción de tomates desde 1896 hasta 1913 en la hacienda de la Hoya Grande (Adeje) de Fyffes-Wolfson para exportación al mercado inglés, sin duda insuficiente para poder establecer estimaciones absolutas, pero muy ilustrativa para poder apreciar el comportamiento de los cosecheros de la zona, vemos como mientras los británicos estaban realizando una producción importante con él, no sucedía lo mismo entre los cosecheros de la comarca que aparecen en escena con algo de producción del tomate en los últimos años de la primera década del siglo XX y vendiendo su producción a éstos. El hecho de que sea el año 1907 la fecha del comienzo de la producción de tomates por los locales no significa, en absoluto, el momento de su introducción en la isla. En el Valle de La Orotava había comenzado mucho antes. El traslado de la superficie cultivada de norte a sur está en relación directa con los alumbramientos de aguas y construcción de canales.

CUADRO I

 Tomates embarcados. Hoya Grande

Años   Bultos   Cajas   Comprados a los vecinos
 1896/7   1.305    –                        “
 1897/8   1.678    647                        “
 1898/9   2.995     20                        “
 1899/00   3.677    133                        “
 1900/01   1.104    –                        “
 1901/02   1.959    102                        “
 1902/3   1.351    768                        “
 1903/4   2.853    591                        “
 1904/5   4.854  1.005                        “
 1905/6   6.489    –                        “
 1906/7   4.317    –                        “
 1907/8   9.282    –                   101
 1908/9   5.862    –                   593
 1909/10  12.463    192                1.046
 1910/11  10.501    –                  440
 1911/12   7.743    –                  138
 1912/13  14.086    –                  360
FUENTE: A.A.B. Libro de Cuentas de Fyffes Limited.

El mismo sistema utilizaron con el plátano. Thomas Fyffe compraba a los cosecheros locales los plátanos que les sobraban, evitando de esa manera que los enterraran para fertilizar la tierra.[93] Elder, Dempster & Co. comenzó a realizar contratos con los productores locales para adquirir la totalidad de las cosechas, incentivando de esa manera a los propietarios locales. Por ejemplo, llegó a establecer acuerdos con cosecheros de Garachico -uno de ellos Gregorio M. Carmona- para adquirir 5.000 libras (2.268 Kgs.) de plátanos todos los meses, es decir, alrededor de unos 60.000 libras (27.136 Kgs.) al año.[94] En Gran Canaria, Alfred Jones ofrecía mucho más por toda la fruta, incluso cuando era necesario les pagaba por adelantado o les daba anticipos y les financiaba la cosecha en general.[95]  De esa manera, con el método usado por los británicos mediante la compra segura de la totalidad de la producción se pasa de una agricultura de subsistencia a otra de exportación.

No todos los cosecheros tinerfeños fueron refractarios a la innovación. Hubo algunas excepciones que desde los primeros momentos optaron por su cultivo. A estos se les llamaban independientes. En el norte de Tenerife (en el Valle de La Orotava, fundamentalmente)[96] Melchor Zárate y Monteverde, desde la temprana fecha de 1888 comenzó a liquidar parte de sus terrenos de medianías y comprar en costas -según el testimonio de Melchor Zárate Cólogan-. Enrique Ascanio fue el más grande de los propietarios del grupo de los independiente del valle. Llegó a tener hasta 60 fanegadas de plataneras. Desde el principio se negó a arrendar terrenos a los británicos e incluso llegó a montar sus oficinas en Londres -«Ascanio Hermanos»- para encargarse de las exportaciones. En la capital británica estaba al frente su primo Ramón Estanislao Ascanio Cruzat. Su hijo Tomás Ascanio construyó el embalse de agua, conocido como «La Charca», para almacenar 400 millones de litros. Otro que seguiría los pasos de esa familia fue José Brier y Casabuena en Garachico, que desde 1893 también tenía representación en Londres para encargarse de sus exportaciones.

Los británicos pronto comenzaron con la explotación a gran escala. Emplearon el sistema de arrendamiento de terrenos. A partir de entonces, la inmensa mayoría de los grandes propietarios locales del Valle de La Orotava y del lado norte de Tenerife arriendan sus fincas a Elder, Fyffes Ltd por contratos de diez años. De ese modo, en los primeros años de la siguiente centuria tenía arrendadas muchas fanegadas en el norte.[97] Se incluía en el contrato las acciones de aguas de riego. Cuando las fincas no tenían agua propia, construyeron estanques y  atarjeas para su transporte.  También subarriendaron fincas que ya estaban cultivadas de plátanos. Francisco Bethancourt Montesdeoca, arrendatario del valle, subarrienda la Galvana y la Calderona a la compañía inglesa en 1898.[98] La nueva empresa explotadora emprende una serie de mejoras que supuso un gran impulso al desarrollo de la producción platanera en el norte de Tenerife. Incluso, cuando arrendaba las tierras dedicadas al plátano se sustituía los viejos plantones por nuevos, mejorando la calidad de la fruta.[99]

Pero la producción en Gran Canaria es muy diferente de la de Tenerife. Las cifras de las exportaciones de plátanos desde Canarias en el año 1885 a Europa fueron de 40.000 a 50.000 racimos, de los cuales 25.000 o 30.000 correspondieron a Gran Canaria.[100] En 1886 Gran Canaria ya producía alrededor de 350.000 racimos y en 1898 su producción alcanzó 534.580 racimos. La producción de Tenerife en ese último año fue de 84.444 racimos, muy lejos de la cantidad alcanzada en la isla vecina.[101] Los datos que se muestran en los cuadros II y III reflejan comparativamente la producción del plátano en ambas islas desde 1890 hasta 1900.

 

 

CUADRO II

VALOR DE LAS EXPORTACIONES DE TOMATES Y PLÁTANOS ENTRE 1890-1900.

TENERIFE.

Años     Tomates     Plátanos
  1891        –        –
  1892        –        –
  1893        –    £60.696
  1894        –        –
  1895    £64.525    £34.314
  1896        –        –
  1897    £70.000    £6.350
  1898    £67.350    £10.500
  1899    £55.320    £14.955
  1900    £44.864    £20.490

                                                                                                   

CUADRO III

VALOR DE LAS EXPORTACIONES DE TOMATES Y PLÁTANOS ENTRE 1890-1900.

GRAN CANARIA

  Años     Tomates     Plátanos
  1891    £2.960    £76.080
  1892        –        –
  1893    £13.792    £52.126
  1894    £16.800    £35.785
  1895        –    £42.125
  1896        –        –
  1897        –        –
  1898    £13.195    £161.735
  1899        –        –
  1900    £17.338    £174.892

FUENTE: PUBLIC  RECORD OFFICE. Annual Series of Trade Reports. Elaboración propia.

En efecto, los valores de exportación ilustran con claridad la desigual acogida que recibieron los tomates y plátanos en Tenerife y Gran Canaria. Por lo tanto, la incorporación al sistema productivo en ambas islas mayores tuvo diferentes ritmos. Mientras en Gran Canaria la apuesta por el plátano fue firme desde un principio, en Tenerife hubo una cierta ambigüedad, producto de la cual se retrasó su desarrollo. Ya en 1885 el cónsul británico Joseph Hutton Dupuis destaca la importancia que está adquiriendo su producción:

 Esta fruta se exporta en grandes cantidades, especialmente desde Gran Canaria, donde no deja de crecer su comercio.[102]

Para el británico Cutcliffe Hyne la razón por la cual en Gran Canaria se asumió con mucha más facilidad la cosecha del plátano fue por la diferencia del régimen de tenencia de la tierra y las aguas. Afirma que en el norte de Gran Canaria la tierra estaba más fragmentada, había un mayor minifundismo, proliferaba las medianas explotaciones y consecuentemente abundaban más los pequeños propietarios de tierras y de aguas. Esto permitía que pequeños agricultores directos pudieran arrendar terrenos y trabajarlos ellos mismos y dedicarse así a este sector agrario. Dada la importancia del agua para su cultivo, en los contratos se incluía el suministro de agua por parte del propietario para el riego,[103] si el arrendatario no contaba con aguas propias. De esa manera se evitaba su especulación. De lo contrario, tenían que comprarla a un precio de £7½  (unas 187, 50 pesetas) la hora,[104] elevadísima cantidad con muchas dificultades para pagarla. Por otro lado, la temprana actividad comercial desempeñada por Thomas Fyffe y otros británicos animó a la burguesía de Gran Canaria, cuyo protagonismo en la actividad comercial era mayor que la de Tenerife.

También parece que el protagonismo del tomate en Gran Canaria fue escaso en esos primeros años, al contrario que Tenerife, que mostró una mejor acogida a partir de 1895. Sin embargo, ¿esos altos niveles de producción en Tenerife significa que se le dio una mejor recepción?. Haciendo abstracción de las frías cifras, dos razones parecen explicar el alto nivel de producción en Tenerife. Los mayores centros de explotación se encontraban por orden de importancia en La Palma, Tenerife y La Gomera, (las tres islas donde las compañías británicas Brandy Brothers, Elder Dempster, Fyffes Co. y, entrado el siglo XX, Elder & Fyffes, comenzaron a explotar los nuevos productos de exportación)   pero, en la medida en que desde las islas menores no se embarcaban por carecer de comunicación directa con Londres y restos de puertos europeos, eran transportados a Tenerife para ser despachados desde el muelle de Santa Cruz a su mercado de destino.

La misma consideración habría que tener con los niveles de exportación del plátano en Tenerife, ya que la producción de La Palma se remitía desde el puerto de Tazacorte, zona de mayor producción, al muelle de Santa Cruz para desde allí ser exportado al mercado inglés.[105] Además, habría que añadir una segunda razón. Dado que la exportación de plátanos estaba ocupando un renglón significativo en el comercio exterior de Gran Canaria, al revés de lo que sucedía en Tenerife, propietarios grancanarios, deseando emprender unos su cultivo en Tenerife y ampliar otros sus negocios, se trasladan para arrendar tierras abandonadas o dedicadas al cultivo ordinario,[106] dedicándolas al cultivo del plátano. Francisco Bethencourt Montesdeoca, natural de La Palmas se trasladó a Tenerife, estableciendo su residencia en Icod, y arrienda las fincas la Galvana y la Calderona en el término municipal de La Orotava a Ignacio Fernando Llarena Monteverde en 1896, aunque años más tarde las subarrienda a la compañía Fyffes Ltd, como hemos visto.[107] Otro miembro de la burguesía grancanaria, José González Martín, natural de Guía, vinculado a la explotación del plátano, vino a mediados de la primera década del presente siglo y arrienda a la familia Cólogan las fincas en las Arenas para el cultivo del plátano. Luis Suarez arrienda fincas situadas también en las Arenas a Antonio Lercaro Ponte. Las familias Suárez, Sánchez, Jiménez, etc., fueron otras que vinieron desde Gran Canaria a Tenerife, en concreto al Valle de La Orotava, para arrendar terrenos a los hacendados locales para ocuparse del cultivo del plátano.

Por último, hay que añadir las tierras arrendadas por Fyffes Ltd. en el mismo valle y la costa noroeste de la isla. A finales del siglo XIX tenían 567,39 fanegadas dedicadas solamente al cultivo del plátano. El total de fanegadas arrendadas era de 611,34, lo que indica que el resto lo dedicaban a otros cultivos.[108]

Pero, a la vez, el arrendamiento nos indica el comportamiento pasivo que tuvieron muchos propietarios tinerfeños con respecto al plátano. Era una actitud puramente rentista. Arrendaban sus tierras a los británicos y grancanarios para obtener unas entradas fijas, mientras los «foráneos» plantaban plátanos en sus tierras arrendadas. Así pues, en Tenerife aún en la década de los noventa y primeros años del siglo XX  los propietarios agrarios no habían mostrado mucho interés por la fruta, tardando décadas en asumirlo, todo lo contrario de lo que sucedió con el tomate, que parece que tuvo una mejor acogida. En 1889, el cónsul en Tenerife Joseph H. Dupuis afirmaba que «tras la reciente introducción de semillas inglesas y los trabajos en las Islas Canarias, los cultivos de papas y tomates, hasta hace poco desatendidos o no considerados por los nativos como artículos de exportación, producen ahora enormes cosechas».[109] La mayor parte procedían de Tenerife. Todavía en el año 1897 el periódico Iriarte  del Puerto de la Cruz se limitaba a informar de las cotizaciones en los mercados de Londres, Manchester y Liverpool de los productos de exportación más importantes de Tenerife: los tomates y las papas (calidad superior y medianas).[110]

Sin embargo, ¿esta pasividad mostrada por los propietarios locales a los nuevos productos de exportación alcanzó a otros sectores de la economía?. Sería totalmente erróneo pensar que desde la depreciación de la cochinilla se insistiera solamente en los policultivos y a la diversificación agraria para salir de la angustiosa situación unos y en la recuperación económica otros. Sería vano afirmar también que todo fue pereza. Hubo propietarios que intentaron  remontar la crisis recurriendo a nuevas industrias. En 1887 en La Orotava se formó una sociedad para adquirir los materiales necesarios para la instalación de una fábrica textil.[111] Las Cañadas y el Teide fueron punto de mira para el aprovechamiento de sus recursos naturales. Por ejemplo, ante la demanda de azufre para el cultivo de las vides, en 1887 los señores Rafael Frías y Pérez y Nicolás Ascanio y Negrín intentaron extraer azufre del Teide para su comercialización. Tuvieron éxito en su empresa y el azufre logrado fue muy apreciado por los cosecheros.[112] También la piedra pómez que tanto abundaba en Las Cañadas y el Teide fue objeto de explotación para fines comerciales.[113] En 1889 se creó en París la Societé des carrieres de pierres ponce de Tenerife con un capital inicial de 6.000.000 de francos, nombrándose presidente al vizconde L. de Bondy y en la que intervinieron Abel Aguilar, con intereses comerciales en la capital francesa, Rafael Vivas y Pérez y otros tinerfeños para la explotación de la piedra pómez de las faldas del Teide. Las obras se iniciaron y se llegó a construir casetas donde pernoctar los obreros, pero la falta de capital obligó a desistir de la idea.[114] Por su parte, desde las instituciones también se emprendían iniciativas. Tras la pérdida de las colonias (Filipinas y Cuba) se vislumbró cierta esperanza en la recuperación del tabaco. La Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife en circular del 10 de enero de 1899 invita a los ayuntamientos para que las corporaciones se dirijan al Ministerio de Hacienda solicitándole que se provea el Gobierno de tabacos de las islas en sustitución de las colonias perdidas.[115]

¿Por qué ese escaso interés por los nuevos cultivos de plantación?. ¿Por qué el acercamiento de los propietarios isleños a ellos fue tímido y sólo mostrarían interés después de varias décadas en manos británicas?. Las respuestas a estas preguntas requiere un análisis más profundo de una realidad mucho más compleja. Por lo pronto no caven sino conjeturas acerca de la actitud que tomó el propietario isleño. En las últimas décadas del siglo pasado una parte importante de la historiografía está teniendo en cuenta el peso de las estructuras sociales a la hora de explicar las causas de los comportamientos que han caracterizado al propietario español.[116] Para uno de los representantes de esa corriente, Gabriel Tortella, cuando el español ha decidido asumir el papel de empresario ha tendido con gran frecuencia a procurar la protección estatal.[117] Señala, en base a una encuesta oficial realizada en 1889 sobre la reforma arancelaria, la hostilidad que había hacia el librecambio por parte del empresariado español era abrumadora: el 78% de los encuestados, casi cuatro de cada cinco, estaban en contra de la reducción arancelaria.[118] Todo parece indicar que el comportamiento de los propietarios isleños con respecto al tabaco y azúcar responden a ese análisis, en la medida en que la burguesía española era el espejo donde solía mirarse, aunque, al menos en el caso de Canarias, la situación dependía del tirón de la economía capitalista mundial. Mientras hubo mercado exterior garantizado, con una gran demanda internacional del producto de exportación, caso de la grana, la respuesta de la terratenencia fue de apoyo decidido al librecambio. Pero, mientras la coyuntura internacional era desfavorable a los cultivos de exportación que se querían introducir (caso del tabaco y la caña de azúcar), solía recurrir a las franquicias. También habría que tener en cuenta, tal como hemos venido indicando, la situación financiera, el atraso técnico, la resistencia al cambio agrícola, la falta de sentido del riesgo y la mentalidad rentista a la hora de explicar tales actitudes del empresariado isleño. El acercamiento a las actitudes sociales, no sólo del propietario sino incluso de otros estamentos que forman la sociedad, es necesario realizarlo a la hora de explicar las causas de la intervención en el plano económico, pues como dice Bartolomé Bennassar «lo económico no es suficiente para explicar lo económico». No he hecho más que una breve alusión a un problema, repito, mucho más profundo y complejo. Por tal razón, puesto que está escasamente estudiado en la historiografía canaria, sería necesario que se abordara ampliamente en el futuro.

También el comportamiento de la mayoría de la prensa mostró escaso interés. En la prensa provincial no se encuentran referencias al tomate hasta 1888 y al plátano hasta 1891 como productos de cierta importancia y sólo se hará cierta mención, aunque marginal, a partir de la década de los noventa. Un periódico ligado a los intereses agrarios de la isla como era el Valle de Orotava aún en 1892 se refería a las buenas cosechas de papas, cereales y legumbres que se obtendrían ese año debido a las lluvias caídas. No menciona para nada el plátano. La prensa local insistía en los cultivos tradicionales y recomienda que se atiendan otros recursos agrarios, como hemos señalado, y la nueva fuente de ingresos que reportará la atención al visitante. En efecto, paralelo al nuevo proceso de producción agrícola buena parte de los propietarios isleños optaron por el turismo, fundamentalmente en el Valle de La Orotava y Las Palmas de Gran Canaria. Pero como era de esperar, aquí el proceso fue inverso. Si en Gran Canaria se prestó mayor atención a la producción agraria, es de suponer que alguna iniciativa económica tuvo que abrazar con más energía Tenerife; esa fue el turismo. En lo que se refiere a Tenerife, la oligarquía del valle norteño de la isla tuvo, desde los primeros años de la década de los ochenta, una actitud favorable a fijar la atención en esta nueva forma de desarrollo económico. Y me refiero a los propietarios del Valle de La Orotava porque el interés de la burguesía capitalina en ese primer lustro se despertó, salvo raras excepciones, después de la apertura del Orotava Grand Hotel en el Puerto de la Cruz. Por lo tanto, serán las clases acomodadas de la comarca norteña de Tenerife la que se movilice. Esto no significa, por otro lado, que la alta burguesía terrateniente de las islas, y particularmente del valle, gozaran de una educación cosmopolita -como comentó Pègot-Ogier- y mostrara una vocación por la hospedería. No era un oficio de su agrado. La mentalidad de la sociedad canaria era esencialmente rural. Pero será la incidencia de la crisis económica la que desencadene su actuación. Por un lado, porque el riesgo de inversión era mucho menor para unos y para otros solamente significaba poner en arrendamiento uno de sus muchos inmuebles.  Por otro lado,  los hacendados de la isla solían desplazarse de vacaciones o de luna de miel a Madeira, lo que les permitió conocer perfectamente la riqueza que generaban los extranjeros británicos en sus desplazamientos hacia la isla portuguesa. Es más, los análisis meteorológicos realizados por un puñado de médicos británicos y alemanes en Tenerife, y en particular del Valle de La Orotava y del Puerto de la Cruz, el marco natural y el prestigio del valle con la presencia del Teide, la instalación del cable telegráfico en 1883, que facilitaba la comunicación con el exterior y el aumento de las comunicaciones marítimas, lo que acercaba más a la isla con el continente europeo en unos momentos en que las posibilidades de la explotación del ocio producía un beneficio económico nada desdeñable y la presencia británica en el entramado productivo canario, despertaron el interés de muchos propietarios locales por el turismo.

A falta de un cultivo de exportación lucrativo y con una cochinilla, tabaco y caña de azúcar que no podían ser explotadas en la escala que sería deseable para sostener la competencia con otros países[119] y el hecho de que el capital extranjero (sobre todo británico) dirigiera su interés inversionista hacia el turismo hicieron posible que desde muy temprano se manifestara la relación existente entre el enfermo británico (turista) y el negocio. A partir de esos momentos comenzó a producirse una inclinación cada vez mayor hacia los negocios «extra-agrarios». En efecto, un sector mayoritario de la oligarquía del Valle de La Orotava no vacilará en optar por esta nueva actividad «industrial». Rápidamente personas de alta posición social de la elite económica y destacadas personas del área formarían desde la temprana fecha de 1885-86 la compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava con un capital social de 100.000 duros dividido en 1.000 acciones y en mayo de 1887 la compañía Taoro, Compañía de Construcción y Explotación de Hoteles y Villas del Valle de La Orotava (The Taoro Company Limited). Fue la primera sociedad por acciones que se organizó en las islas y el arranque de una nueva pauta de la economía canaria. Los elogios a esta iniciativa emprendida para potenciar el Puerto de la Cruz como lugar de recepción de un turismo invernal llegaron de todos los rincones del resto de la isla. Desde uno de ellos, la capital Santa Cruz, se llegó a participar activamente. Es más, la presencia de la burguesía santacrucera en las sociedades formadas en el valle hizo que la misma compañía, desde el mismo momento de su constitución, emprendiera las operaciones de crédito por valor de 50.000 duros[120] para levantar otro hotel en Santa Cruz de Tenerife. La opción por esta alternativa económica fue defendida firmemente por la burguesía capitalina a través del «Diario de Tenerife». Se exhortó a los sectores financieros para que hicieran los desembolsos y sacrificios necesarios para la construcción de un hotel en la capital «no reparando en los gastos necesarios que a buen seguro han de ser muy productivos», afirma, para más adelante concluir:

 No se nos oculta que en esta capital quizás no haya medio de hacerlo si no es por la asociación; pero, ¿hemos de ser siempre apáticos y retraídos? ¿no se despertará entre nosotros el espíritu de asociación?. La conveniencia y el patriotismo lo exigen, y nosotros, mostrando esta verdad clara y patente a los ojos del público, cumplimos con nuestro deber.[121]

El flujo de visitantes extranjeros que ocuparon las dependencias del hotel establecido por la compañía Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava en el año de su apertura (1886) y la gran demanda de casas –en su mayoría propiedad de los actores más activos de la compañía turística recién creada- para alquilar por acaudalados británicos hace pensar a la elite de Tenerife  que el turismo sería con toda seguridad la primera industria de las islas. Se utilizaron sus ejemplos como modelo para emprender las grandes obras que el desarrollo necesita, porque sin la «asociación» difícilmente se pone en marcha proyectos que la iniciativa privada es imposible conseguir».[122]

Desde todos los rincones sociales altos y medios (médicos, propietarios, prensa local, centros recreativos, etc.) se señaló la nueva fuente de riqueza que puede proporcionar a la oligarquía agraria y sectores de la burguesía de la isla, y del Valle de La Orotava en particular, su antiguo esplendor económico perdido. Un periódico tan comprometido en la defensa de los intereses agrícolas, el Valle de Orotava, no oculta la dramática situación que vivía las islas  aún a finales de 1888, y la nueva fuente de riqueza que supone la visita de turistas a nuestra isla:

                        En circunstancias tan críticas para los agricultores y para los industriales ha venido a iniciarse una nueva fuente de riqueza que hábilmente explotada y bien dirigida, podría ser la firme base de la futura prosperidad del territorio: nos referimos a la corriente de extranjeros que apreciando debidamente las condiciones inmejorables de nuestro clima y los hermosos y variados paisajes que ofrece nuestra isla, acuden a la misma en número ya considerable por fortuna.[123]

Después de la formación de la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava y la apertura del primer grand hotel canario a cargo de la misma compañía en el Puerto de la Cruz (1886), el 14 de agosto de 1888, dos años después,  se forma la Canary Island Company en Gran Canaria. El despegue del turismo en Gran Canaria fue paralelo al de Tenerife, aunque con ciertas singularidades. En primer lugar, mientras que la poca la poca burguesía santacrucera que participó en el fomento del turismo dirigió su participación financiera al Puerto de la Cruz, la de Gran Canaria la orientó a su capital Las Palmas. El establecimiento de una fuerte e importante colonia comercial británica en la ciudad jugó un papel catalizador de primer orden. Por el contrario, en Santa Cruz de Tenerife no se creó compañía alguna, orientándose el capital británico y nacional en el turismo  del Puerto de la Cruz, razón por la cual el turismo en Santa Cruz de Tenerife hasta los comienzos del siglo XX, es decir dos décadas después, fue muy deficitario.

Y en segundo lugar, mientras la Compañía de Hoteles y Sanatorium del Valle de La Orotava se formó en el Puerto de la Cruz y  su gerencia estuvo el la ciudad isleña, The Canary Island Company Ldt. formada en Las Palmas Gran Canaria se organizó en Londres y su sede y gerencia estaba en la capital británica.

Terminaré estas reflexiones sobre la participación financiera británica en el turismo. Si bien es verdad que el papel británico en su puesta en marcha fue importante, incluso hasta decisiva, no significa que el desarrollo del turismo isleño estuvo impulsado al socaire de la expansión de los nuevos cultivos de plantación, de hecho el despegue del turismo fue anterior, ni tampoco que las empresas navieras foráneas iniciaron la construcción de las infraestructuras hoteleras, excepto el hotel Monopol en Las Palmas de Gran Canaria, hecho que ocurrió años después y bajo la responsabilidad de una compañía británica que se dedicaba a muchos negocios, además del ámbito relacionado puramente con el mundo marítimo.


[1] Valle de Orotava, 6-7-1888.

[2] Public Record Offce. H. CI 4776 xp 971.

[3] Latimer, Isaac. Notes of travel in the islands of Teneriffe and Grand Canary. Simpkin, Marshall & Co. London. 1887. Pág. 120 (existe traducción en español publicado por J.A.D. La Orotava, 2002).

[4] Galván Fernández, Francisco y Martínez Azagra, Luis. La transformación del campo de La Orotava ante la primera gran crisis capitalista y algunos precios canarios. Benchomo. La Orotava, 1985. Pág., 16.

[5] Valle de Orotava. 6-X-1887.

[6] Valle de Orotava. 14 de Octubre de 1887. Sobre la pataca en la isla, véase la obra de Francisco Galván Fernández, Burgueses y Obreros en Canarias (del siglo XIX al XX). La Laguna, 1886. Págs. 72-77.

[7] Valle de Orotava. 22 de Octubre de 1887.

[8] Ibidem.

[9] Valle de Orotava, 30-IV-1889.

[10] Las pepitas de la uva prensada -excelentes para alimentación de aves de corral- se mezclaban con agua caliente a 80º para obtener el aceite de semillas, muy útil para el alumbrado.

[11] Se obtenía de la calcinación de todos los residuos no utilizados en la obtención de los productos eñalados y se podía utilizar para fertilizar los viñedos.

[12] Esta advertencia obedece al abandono a que estaba sometido el cultivo del naranjo desde hacía cierto tiempo.

[13] Valle de Orotava. 22-VII-1889.

[14] Stone, Olivia. Tenerife and its six Satellites. The Canaries Past and Present.  Marcus Ward & Co. London, 1887.  Pág., 283 (existe edición en español publicada por el Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria,  1995).

[15] Valle de Orotava, nº 104, del 11 de Abrill de 1890.

[16] Hobsbawm, Eric J. Industria e imperio. Ariel. Barcelona, 1988. Pág., 192.

[17] Ibídem.

[18] Slicher van Bath, B.H. Historia agraria de Europa occidental. Península. Barcelona. 1978. Pág., 397.

[19] Hobsbawm, Eric J. La era del imperio (1875-1914). Ariel. Barcelona, 1989. Pág., 40.

[20] Davies, P.N. The trade makers. Elder Dempster in West Africa (1852-1972). George Allen & Unwin Ltd. London. Pág., 58.

[21] La enfermedad de la papa Phytophthora infestans ya había aparecido en octubre de 1843 cerca de La Laguna y antes de 1845 se había extendido a todas las islas, diezmando seriamente las cosechas, como sucedería en Europa e Irlanda. Pero mientras en el continente europeo dicha enfermedad duró hasta 1860, todavía en las islas a finales del siglo XIX seguía cometiendo grandes estragos, aunque era menos maligna de lo que había sido.

[22] O’Beirne Ranelagh J. Breve historia de Irlanda. F.C E. México, 1983. Pág. 131.

[23] Ya desde la década de los cincuenta, se extendió el cultivo de esta clase de papa, sobre todo, en las tierras de primera del Puerto de la Cruz. En este municipio desaparece prácticamente toda la viña. Había quedado afectada por el virus del oidium, y fue sustituida por papas y millo, ocupando una extensión de 181 fanegadas y 46,95 almudes, seguido de un considerable aumento de la producción de centeno, ocupando una superficie de 203 fanegadas y 530 almudes  (A.M.P.C. Amillaramientos fincas rústicas. L.4. 1857).

[24] Morris, C. M. G. Plants and Gardens of the Canary Islands. London, 1895. Pág. 97.

[25] La mezcla de Bourdeos que Morris recomendaba para el tratamiento de la enfermedad que padecían tanto la papa como el tomate consistía en una mezcla de sulfato de cobre, cal y agua fresca, y que debería de ser suministrada sobre las plantas dos o tres veces al día, antes de que las mismas florecieran.

[26] Morris, C. M. G. Op. Cit. Pág. 97.

[27] Latimer, I. Op. Cit. Pág. 124.

[28] Morgan, Joan y Richards, Alison. A paradiseout of a Common Field. Harper & Row. New York, 1990. Pág., 94.

[29] Archivo Noel Reid. Puerto de la Cruz.

[30] Valle de Orotava. 30-IV-1888.

[31] Public Record Office. HCI 6449 0097. En el año 1892 entre papas, cebollas y tomates la producción alcanzó un valor de £130.652, y en 1895 la producción de papas alcanzó el valor de £49.502, una cantidad superior a la del plátano, que en ese año fue de £34.314.

[32] A esta tendencia generalizada en la historiografía canaria, haría la excepción de Ulises Martín Hernández, quien en su obra Tenerife y el expansionismo ultramarino europeo (1880-1919) se hace eco de la poca atención a ambas frutas brindada por los isleños.

[33] La palabra “plantain”, en inglés, significa la variedad de plátano “musa paradisiaca”  de la familia de la Musaceae, especie de plátano de la India. Fruta de piel verde y comida básica de los trópicos a menudo asada, hervida o frita.

[34] Davis, Peter. Fyffes and the bananas. The Athlone Press. London, 1990. Pág. 45.

[35] Viera y Clavijo, J. Diccionario de Historia Natura del las Islas Canarias. Gran Canaria. 1866. Pág. 203.

[36] Morris, D. Op. Cit. Pág. 95.

[37] Archivo Negrín Ponte.

[38] Pérez, V. y Sagot, P. De la vegétetion  aux  Iles Canaries. Challamen Ainé. París, 1867. Pág. 19.

[39] Ritchie, Carson A. Comida y civilización. Alianza. Madrid, 1986. Pág., 236.

[40] Marcet, W. The principal Southhern and Swiss Health Resort, their climate and medical aspect. Churchill. London, 1883. Pág. 248.

[41] Beaver, Patrick. Yes!. We have some: the history of Fyffes. Publications for Companies, Stevenage, 1976. Pág., 15.

[42] Ibídem,

[43] Davis, P. Op. Cit. Pá., 48.

[44] Morris, D. Op. Cit. Pág. 103

[45] Hobsbawm, E. J. Op. Cit.  Pág. 64.

[46] Beaver, P.Op. Cit. 1976.  Pág. 15.

[47] Ibídem.

[48] Hyne, Cutcliffe. Banana farming in the Canary Islands. Londres, 1898. Pág., 585.

[49] Carter, Tom. The Victorian garden. London, 1984. Pág. 41.

[50] Ibídem.

[51] Beaver, P. Op. Cit. Pág., 14.

[52] Sobre la historia de la casa comercial Fyffe remito a los libros de Ritchie, Carson I. Comida y civilización. Madrid, 1986; Beaver, P.Yes! we have some. London, 1976, y Davies, P. Fyffes and the banana. London, 1990.

[53] Ibídem.

[54] Beaver, Patrick, op. cit., pp., 15-16, hace mención al año 1876 cuando logra el cambio de actitud de los cosecheros con los excedentes de plátanos y al año 1878 como la fecha de comienzo de los primeros envíos.

[55] Marcet, W. Op. Cit. Pág. 248.

[56] Ruiz Álvarez, A. El muelle del Puerto de la Cruz. A.E.A. nº 19.

[57] Entrevista sostenida por el autor con Mr. Noel Reid. Puerto de la Cruz, 31-7-92.

[58] Public Record Office. Peter Reid’s letters from Puerto Orotava.

[59] Ibidem.

[60] Brown, A. S. Report on the social condition of the Canary Islands. London. 1892. Pág. 35.

[61] Davis, P. Op. Cit. Pág. 54.

[62] Morris, D. Op. Cit. Pág. 95.

[63] Brown. A. S. Madeira and The Canary Islands Sampson Low Ed. London, 1894. Pág. 22.

[64] Baillon, A. F. Memorias. Inéditas. Puerto de la Cruz.

[65] Brown, A. S. Op. Cit. Ed. 1913. Pág. d15.

[66] Cutcliffe, Hyne. Banana farming in the Canary Islands. The Windsor Magazine. London, 1898.

[67] Registro Propiedad Adeje. T. 5 f. 85. F. 182.

[68] Ibídem.

[69] Guimerá Ravina, Agustín. La Casa Hamilton. Santa Cruz de Tenerife, 1989. Pág., 208.

[70] Ibídem.

[71] Ibídem, pp., 226-228.

[72] Navarro Ruíz, Carlos. Páginas históricas de Gran Canaria. Diario. Las Palmas, 1933. Pág., 538.

[73] Prior, Melton, «The Fortunate Islands» en el suplemento de The Illustrated London News del 5 de Junio de 1909.

[74] Baillon, Austin. Misters: británicos en Tenerife. Idea. Tenerife, 1995. Pág., 43.

[75] La Opinión. 12-IV-1887.

[76] Morris. Op. Cit. Pág. 96.

[77] Ward, Osbert. . The Vale of Orotava. W.R.Russel  and Co.  London, 1905. Pág. 55.

[78] Public Record Office. 5466 xp 00971.

[79] Davis, P. Op. Cit. Pág. 70.

[80] En abril de 1889 se terminó definitivamente la instalación de un trapiche a vapor en la finca de «Las Cañas», en Icod de los Vinos, montada para moler no sólo la caña que produce la finca mencionada, sino también la producida en Garachico y Los Silos. Según el periódico Valle de Orotava (6-V-1889) la casa arrendataria de la finca que instaló el trapiche era la misma que la de Daute, lo que nos indica que fue montada con capital inglés. Sin embargo, en Tenerife no se desarrollaría el cultivo de la caña tanto como en Gran Canaria, donde había 4 trapiches y 2 en fase de construcción en el año 1890, además de 15 molinos (Ref. Public Record Office. HCI 5466 xp 00791).

[81] Public Record Office. HCI 4776 xp 971.

[82] Public Record Office. HCI 5580 xp 00971.

[83] Latimer, F. Op. Cit. Pág., 152.

[84] Public Record Office. HC I 4292 4IP 00971.

[85] Valle de Orotava. 22-VII-1889.

[86] Brown, A. S. Op. Cit. Pág. 22.

[87] Registro Propiedad Orotava. Libro de índices.

[88] Public Record Office. HCI 6124 4IP 00971. También en Morris, D. The Plants and Gardens of the Canary Islands. London, 1896. Pág. 96.

[89] Los ingleses llamaban a los naturales que cosechaban tomates contractors, palabra que no podríamos traducir por «constructores», sino que su significado más aproximado en castellano sería persona que se compromete bajo contrato en realizar algún plan o acción. (Ref. The New Shorter Oxford. Oxford, 1993. Pág. 496).

[90] Navarro Ruíz, C. Op. Cit. Pág., 538.

[91] Baillon, Alexander. Memorias. Inéditas.

[92] En Tenerife aún en 1895 supuso una exportación por valor de £49.502

[93] Ritchie, C.I. Op. Cit. Pág., 237.

[94] Latimer, Isaac. Op. Cit. Pág., 124.

[95] Entrevista hecha el 18 de junio de 1898 por la revista Great Thoughts a Alfred L. Jones. (Ref. Davis, P. Op. Cit. Pág., 49.

[96] Beaver, Patrick. Op. Cit. Págs. 14-15.

[97] Archivo Austin Baillon. Libro de cuentas de “Fyffe Ltd.”

[98] Registro Propiedad Puerto de la Cruz F. 297.

[99] Baillon, A. F. Memorias. Inéditas.

[100]  Public Record Office. CHI 4966 00971.

[101] Public Record Office. HCI 6449 00971.

[102] Public Record Office.  H.C.I. 4966 00971.

[103] Hyne, Cutcliffe. Banana farming in the Canary Islands. London, 1898. Pág., 585.

[104] Ibidem.

[105] Hernández Gómez, Gregorio. Los Plátanos. Barcelona, 1991. Pág. 14.

[106] Narvarro Ruíz, C. Op. Cit. Pág., 538.

[107] Registro Propiedad Puerto de la Cruz. F. 297.

[108] Archivo Austin Baillon. Libro de Cuentas de Fyffes Limited.

[109] Informes Consulares Británicos. Op. Cit. Pág. 351.

[110] Iriarte. 25-IV-1897.

[111] Las Noticias. Nº 1547. Noviembre de 1887.

[112] Ibídem.

[113] Public Record Office. H CI 4776 xp 971.

[114] Valle de Orotava. 11-V-1890. nº 108.

[115] Archivo Histórico Municipal Puerto de la Cruz. Libro de Actas de 1899.

[116] Entre otros citamos: Tortella Casares, G. Los orígenes del capitalismo en España. Tecnos. Madrid, 1973; del mismo autor, «La iniciativa empresarial, factor escaso en la España Contemporánea» en La empresa en la historia de España. Cívitas. Madrid, 1996 y Desarrollo de la España Contemporánea. Alianza, Madrid, 1994. Bennassar, Bartolomé, Orígenes del atraso económico español. Ariel. Barcelona, 1985; Bahamonde, Ángel y Toro Mérida, Burguesía, especulación y cuestión social en el Madrid del siglo XIX. Siglo XXI. Madrid, 1978 y Bahamonde, A. y Martínez, J.A. Historia de España siglo XIX. Cátedra. 1994.

[117] Tortella, G. «La empresa en la…» Op. Cit. Pág., 59.

[118] Ibídem.

[119] Valle de Orotava, 10-X-1888.

[120] Valle de Orotava, 30-V-1888.

[121] Valle de Orotava del 6 de febrero de 1888 reproduciendo un artículo publicado días atrás por el periódico Diario de Tenerife.

[122] Valle de Orotava. 14-IV-1888.

[123] Valle de Orotava. nº 51. 30-10-1888.