Charles Lyell en Canarias

Viajeros por las Islas Canarias (41)
Nicolás González Lemus

SIR CHARLES JAMES FOX BUNBURY EN TENERIFE

Charles Bunbury, octavo baronet , era el hijo mayor de Henry Edward Bunbury y de Louisa Emilia Fox. Nació en Messina (Italia), donde su padre, el séptimo baronet, estuvo destinado como jefe del Departamento del Intendente General del ejército británico cuando fue promovido a subsecretario del Departamento de Guerra en 1813. Ya de regreso a Inglaterra, en 1824, tres años después de la muerte del sexto baronet, se establecieron en la casa familiar en Great Barton, Suffolk. Su madre despertó el interés por la botánica y su padre por los minerales. A los 20 años, 1829, comenzó a estudiar en el Trinity College de Cambridge .
Desde 1833 a 1835 Charles Bunbury fue secretario de su tío Henry Stephen Fox, principal representante del gobierno británico en Río de Janeiro, y allí hizo una gran colección de plantas. El herbolario formado en Inglaterra le facilitó su entrada en la Linnean Society y a continuación en la Geological Society de Londres
Cuando su tío George Thomas Napier fue nombrado gobernador de la Colonia del Cabo en 1837, Bunbury lo acompañó a Ciudad del Cabo. Allí Bunbury realizó muchas excursiones botánicas y conoció a los botánicos Carl Ferdinand Heinrich von Ludwig (1784-1847) y William Henry Harvey, además del astrónomo John Herschel, íntimo amigo de Charles Piazzi Smyth . Bunbury era muy amigo de Joseph Hooker, director de Kew Gardens, quien animó a Marianne North que visitara Tenerife para que pintara la vegetación de la isla, para lo cual le dio una carta de recomendación para el encargado del Jardín Botánico de La Orotava, Germann Wilpred. Fue él también quien en 1882 abrió la sala Marianne North Gallery en los jardines de Kew para exponer las pinturas que la viajera realizó en la isla.
Una vez en Inglaterra, en 1842, Bunbury realizó una breve gira por Francia e Italia y conoció a Charles Lyell y a Leonard Horner, con cuya hija, Frances Joanna Horner, se casó en mayo de 1844. Por sus aportaciones a la geología y botánica, el 5 de junio de 1851 fue admitido en la Royal Society.
Charles Bunbury era un enfermizo, por lo que sus anhelados viajes le ayudaban a su salud, de hecho pasó mucho tiempo en health resorts (centros médicos-turísticos).
El prestigioso botánico y miembro de la Royal Society y Linnean Society y su esposa, junto al matrimonio Lyell (del que trataremos en próximo artículo), visitaron Madeira en diciembre de 1853. Llegaron a Funchal el día 18. Después de una corta estancia en la isla portuguesa, decidieron visitar Canarias. El barco tardaba 24 horas desde Funchal a Santa Cruz de Tenerife. Pero Charles Lyell se trasladó a Gran Canaria y La Palma, mientras Bunbury prefirió permanecer Tenerife. Gracias a las indicaciones de Sabin Berthelot, cónsul de Francia, a quien conoció personalmente, recorrió bien la isla estudiando su flora y demás aspectos de su naturaleza. Lamentó mucho no poder subir el Teide.
Sus trabajos sobre su estancia en Tenerife se limitaban casi exclusivamente a la paleobotánica de la isla en forma de diario y de cartas, muchas dirigidas a su padre . Uno de ellos es The life of Sir Charles J. F. Bunbury, con nota introductoria de Joseph Hooker, y editada por su cuñada, y Remarks on the botany of Madeira and Teneriffe, publicado por la Linnean Society.
En una carta emitida a su padre desde el Puerto de la Cruz, el 14 de marzo de 1854, le comunica que la carretera de carruaje desde Santa Cruz a La Laguna, la antigua capital, ahora una ciudad sombría y decadente, no es muy interesante. Aquí terminaba la carretera de carruaje. Tuvo que seguir con una hamaca (hammock) que un particular le facilitó a su señora y a él un poni, facilitado por el cónsul . Pero después de la ciudad del Adelantado disfruta de la belleza del paisaje. Con un espléndido día despejado por fin logra divisar el Teide, “que parecía mucho más grandioso por estar cubierto de nieve. Pero se lleva una cierta decepción con el valle de La Orotava, de gran reputación y considerado el “Paraíso de las Islas Canarias”. Desde luego que le resultó encantador, “pero no creo que sea más bello que Madeira, como la gente cree aquí, aunque ambos son encantadores de un modo individual e sería inútil exaltar el uno sobre el otro”. Le comentaron que el valle había perdido mucha belleza los últimos años como consecuencia de la eliminación de mucho bosque para sustituirlo por una gran extensión de cactus para la obtención de la cochinilla, ahora la mayor industria de las islas, “y ciertamente no contribuye al embellecimiento del paisaje porque el higo chumbo es tan poco bello como cualquier planta pudiera ser” .
Es en esta carta donde le comunica que el matrimonio Lyell se había trasladado a Gran Canaria y aún no había regresado mientras estuvo los primeros días en la isla. Por fían Charles Lyell y su esposa regresaron para encontrarse en el Puerto de la Cruz el día 10 de marzo. Pero a los dos días Charles Lyell tomó un barco para trasladarse a La Palma porque estaba muy interesado en el estudio de La Caldera. Su esposa Mary que quedó con el matrimonio Bunbury.
Una vez establecido en el Puerto de la Cruz, Bunbury comenzó a recorrer la isla y siempre muy interesado por los lugares de interés botánico. Trató el estudio de una gran cantidad de plantas que le llamó mucho la atención. Se traslado a La Orotava para visitar el drago de Franchy. Ya estaba en ruina por la acción del huracán de 1819 pero a pesar de eso todavía tenía mucho interés. Al principio no parecía tan grande pero cuando uno se acercaba a él resultaba bastante enorme. Midió su conferencia a unos 2 metros y medio del suelo y obtuvo una circunferencia de unos 9 metros. Para él era uno de los árboles más antiguos extinguidos del mundo. Subió a Aguamansa donde se encontró con otro árbol que llamó mucho su atención: el pino canario, “el más noble y pintoresco árbol, y uno de los más fino del género de los pinos que jamás haya visto”. En general, Aguamansa le pareció un lugar encantador por la abundancia de árboles. Destacó también en estas partes altas la abundancia de la Erica arborea, el brezo, por sus profundas flores blancas.
El día 22 de febrero se trasladó a Santa Cruz para caminar por Paso Alto, Valleseco, Bufadero y La Paja. La flora más característica que encontró en los lados del barranco fue la planta endémica la Plocama pendula, el balo, además de grandes grupos de Euphorbia Canariensis, el cardón, que por su extrañeza a los botánicos nórdicos hace una larga descripción. Acompañaba a estas dos especies otra planta que le llamó la atención: la Kleinia nerrifolia. Berthelot le recomendó que visitara Agua García por su belleza y riqueza forestal. No le desencantó, todo lo contrario, encontró alrededor de unas 25 especies de árboles exclusivos.
Desde Tacoronte se trasladó al Puerto de la Cruz el 7 de marzo y con Charles Smith, dueño de Sitio Litle, visitó el Jardín de Aclimatación. Describe la formación geológica del Puerto, pues caminó La Paz, barranco La Arena y el poniente. Visitó La Orotava, “un pueblo hermoso pero con un aspecto bastante decadente”. Desde aquí visita Montañeta de los Frailes, Los Realejos, la Rambla de Castro, Icod, la Guancha, Icod del Alto y toda la comarca oeste de Tenerife. Siempre con un guía y describiendo la belleza paisajística y la lujosa vegetación. Desde el valle de La Orotava hasta este lado de la isla pudo ver plantaciones de caña de azúcar, papa dulce, aunque los campos estaban principalmente plantados de cactus, para la cochinilla, millo, trigo, judías, frijoles y chochos.
A mediados de abril de 1854 Bunbury, su esposa y acompañantes abandonaron Canarias. Después de su muerte, en Barton Hall, Bury, Suffolk, 1886, el herbolario y su colección de fósiles, fueron, de acuerdo a sus deseos, depositados por su esposa al Departamento de Botánica de la Universidad de Cambridge.

Viajeros por las Islas Canarias (42)
Nicolás González Lemus

CHARLES LYELL EN CANARIAS

Afirma Fernando García Cortázar en su libro Viaje al corazón de España que “Canarias, que tiene una Ley del Cielo para controlar la contaminación lumínica, era mucho antes de convertirse en un paraíso para los turistas europeos, la tierra prometida de los estudiosos de la naturaleza. Humboldt y Darwin realizaron viajes a las islas en los siglos XVIII y XIX…” . Con todo el respeto que se merece el profesor Cortázar se equivoca. Si bien es verdad que Humboldt visita tierras isleñas y le sirve de material de investigación, aunque lamentó no poder permanecer más tiempo en Tenerife. Pero Darwin no pudo tomar tierra isleña. Ojalá hubiera sido permitido desembarcar, pero no pudo porque no se lo permitieron a los miembros del Beagle por temor a que vinieran contaminado por la epidemia de cólera que en aquellos años azotaba Gran Bretaña. En el siglo XIX las islas fueron visitadas por un gran número de naturalistas británicos –futuros científicos− pero si hay que distinguir uno por su importancia, ese fue Charles Lyell, el artífice de la geología como ciencia, íntimo amigo de Charles Darwin desde que se conocieron en 1836. Precisamente, Darwin en su viaje en el Beagle llevaba para leer, además de la obra de Humboldt, el primer volumen de los Principios de la Geología de Lyell, que hacía poco que se había publicado. Cuando Darwin desembarca, a su regreso de su viaje el 2 de octubre, en Falmouth, en el condado de Davon, va directamente a Londres, donde la comunidad científica le está esperando para conocer el resultado de su viaje, Leyll, como presidente de la Geological Society, es uno de los primeros en recibirle.
Charles Lyell, escocés de nacimiento (Kinnordy, 14 de noviembre de 1797) aunque de cultura inglesa, estudió abogacía en Oxford, pero desde joven se le había despertado la curiosidad por el estudio de la naturaleza, llegando a convertirse en el gran artífice de la geología moderna. Cuando el 22 de mayo de 1995 visité la British Library de Londres para consultar los Principles of Geology de Chales Lyell, edición de 1875 , me quedé totalmente deslumbrado por el carácter científico de la obra, dos volúmenes, hasta tal punto que me vi impotente de tratarlo como lo realicé con el resto de viajeros victorianos . En el capítulo 41 del tomo segundo trata de la flora y fauna considerada desde el punto de vista del origen de las especies, la relación de la flora de las islas Británicas y las islas del Atlántico, el origen volcánico y Edad del Mioceno de las islas del Atlántico, las erupciones volcánicas, entre otros temas. Sobre Lyell en Canarias se dispone de algunos libros publicados. Uno de ellos es Historia de las Islas Canarias de Anselmo Benítez (1926) y otro es Viajeros ingleses en las Islas Canarias en el siglo XIX de José Luis Pérez (1988), pero ninguno de ellos trata el contenido de la obra científica. Sin embargo, en el año 2003, la editorial Nivola de Madrid publicó El fin de los mitos geológicos, Lyell de la doctora en geología por la Universidad de Barcelona, Carmina Virgili que trata la ciencia de Lyell de una manera magistral .
En diciembre de 1853 Charles Lyell realiza con su esposa, Mary Elizabeth Horner, su cuñada, Frances Joanna, y el esposo, Charles James Fox Bunbury , un viaje a Madeira y Canarias para estudiar los volcanes y la distribución de la vegetación de ambos archipiélagos a fin de conocer la historia vulcanológica y como se había producido la emigración de las especies desde el continente a las islas. Tenía previsto este viaje desde hacía algunos años, pues tenía mucho interés en comparar la vulcanología del Macizo Central francés y el sur de la península italiana –regiones que había visitado− con los de las islas . Según Virgili, los volcanes y los terremotos eran muy importantes en las investigaciones de Lyell, ya que eran una prueba evidente de que la energía interna del globo no se había agotado en las primitivas Eras geológicas sino que seguía actuando en nuestros días.
El 18 de febrero de 1854, Charles Lyell llegó a Santa Cruz de Tenerife procedente de Madeira, donde había estado unos dos meses y allí conoció al alemán Friedrich Hartung, geólogo que había visitado la isla portuguesa muchas veces por padecer de tuberculosis, la epidemia que azotaba a la Europa de entonces. Con el amigo, Osward Heer, profesor de filosofía y médico, Hartung, viajó en muchas ocasiones a Madeira para la convalecencia de su enfermedad. En una ocasión viajó a Cádiz vía Madeira, abril de 1850-1851, con Heer. Precisamente Lyell le habló del proyecto de investigación que pretendía hacer en las islas, y Hartung, admirador del científico británico, decidió acompañarle. Lyell ya había publicado el primer tomo de los Principles of Geology, todo un éxito sobre la teoría científica del origen de la tierra.
Cuando llegaron al puerto chicharrero, Leyll y Hartung decidieron desplazarse a Las Palmas de Gran Canaria, acompañado por su esposa Mary. El resto de los acompañantes, Bumbury y su esposa, Frances, se trasladaron al Puerto de la Cruz. En Tenerife le dieron a Lyell una carta de recomendación para Pedro Maffiotte, naturalista tinerfeño afincado en Las Palmas de Gran Canaria. Maffiotte le acompañó en sus excursiones de investigación por la isla a los científicos británico y alemán. Lyell y Maffiotte mantuvieron correspondencia tras abandonar las islas. Lyell permaneció en Las Palmas hasta el día 10 de marzo de 1854 .
El 11 de marzo regresó a Tenerife desde Gran Canaria junto con su esposa y Hartung, y fue a encontrarse con su concuño Bunbury al Puerto de la Cruz. Pero permaneció dos días en el lugar. Lyell estaba muy interesado en estudiar la Caldera de Taburiente y decidió coger el barco que comunicaba el Puerto de la Cruz con La Palma. Sin embargo, solo se trasladaron Lyell y Hartung y su esposa Mary se quedó en el Puerto de la Cruz con su hermana y Bunbury. Muy probablemente se hospedaron en el reciente hotel inaugurado por Nicolás Martínez en la plaza del Charco (entonces plaza de la Constitución) dirigido por su segunda esposa, Juana Esquivel , único hotel en el lugar.
Lyell permaneció en la isla de La Palma unos 14 días. Consideró la Caldera como un fenómeno natural muy interesante desde la perspectiva geológica. Cuando se encontraba en el Puerto de la Cruz recibió de Pedro Maffiotte la colección de fósiles marinos del Almendrado y de Pastor la masa de calcáreos de los Hornos del Rey, además de otros materiales para el examen geológico que pretendía embarcarlos en el vapor para Inglaterra que se esperaba que llegara al Puerto de Santa Cruz el 4 de abril .
El 27 de marzo Lyell y el resto de sus acompañantes hicieron una excursión a las Cañadas. Pretendía subir al Teide, pero no lo logró. Lo intentó de nuevo el día 30 pero tampoco pudo. Sabin Berthelot, que había ayudado mucho a Bunbury mientras él se encontraba fuera de Tenerife, lo conoció personalmente, el cual le recomendó algunos lugares donde debía visitar en la isla. Friedrich Hartung se trasladó solo a Fuerteventura y Lanzarote. Analizó la erupción volcánica de Lanzarote en 1824 (conocido como el conjunto volcánico de Tao, volcán Nuevo de Fuego y Tinguatón) y escribió un ensayo sobre la geología de Fuerteventura y Lanzarote. En el volumen segundo de los Principles of Geology, Lyell trata la erupción de los volcanes de 1730 y 1736 en Lanzarote, según la descripción que hizo von Buch en su visita a la isla, y la otra erupción de agosto de 1824 fue analizada por Hartung .
A mediados de abril de 1854 Lyell, su esposa y sus acompañantes abandonaron Canarias. El 4 de julio, Pedro Maffiote le envió a su padre, residente en Santa Cruz, un cajón con caracoles, con calcáreos muy pequeños y otros materiales geológicos para enviarlos a Inglaterra a través de la Casa Bruce and Hamilton en Santa Cruz de Tenerife .
No puedo terminar esta pequeña semblanza de Charles Lyell sin destacar el acontecimiento de 1864. En una solemne reunión de la Royal Society en la que se impone a Darwin la medalla Copley, Lyell anunciará públicamente que está completamente de acuerdo con él. Entre 1865 y 1868 revisa a fondo el texto de los Principles of Geology para que la décima edición, próxima a aparecer, figure la teoría de la evolución. Esta revisión es la más importante, y prácticamente la última que hizo, pues la undécima, que se publicó en 1872, y la duodécima, en 1875, después de su muerte, tienen solamente algunas correcciones. Darwin valoró extraordinariamente el cambio de opinión de Lyell, comentando a uno de sus amigos en una carta: “Considerando su edad, su posición social y sus pasadas opiniones pienso que su conducta ha sido heroica” .

Serie de VIAJEROS POR LAS ISLAS CANARIAS (38) publicada en La Prensa, revista semanal de EL DÍA, el sábado, 19 de mayo de 2018.

Serie de VIAJEROS POR LAS ISLAS CANARIAS (42) publicada en La Prensa, revista semanal de EL DÍA, el sábado, 8 de septiembre de 2018.