VIOLENCIA DE GÉNERO Y MALTRATO ANIMAL

El sábado 26 de noviembre, cuando llegué a casa (La Orotava) sobre las 20 horas, después de una agradable velada con amigos y familiares, me encontré un perro abandonado. No me sorprendí en absoluto, pues es muy normal el abandono de animales por el área donde resido, como suele suceder en cualquier rincón de este país. Fue tal la indignación y el malestar que sentí, por ser el segundo en apenas diez días, que inmediatamente cogí el portátil y me puse a redactar la presente carta. Que casualidad que había leído en la prensa la nota del Parlamento de Canarias solidarizándose el día anterior con las víctimas de la violencia de género con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Yo había elogiado la celebración de tal evento a nivel mundial y en particular el hecho de que la Cámara regional expresara su solidaridad con todas las mujeres víctimas del maltrato por parte de individuos impresentables, una lacra impropia de una sociedad moderna, pero reflexioné al instante: lamentablemente en nuestra sociedad la violencia doméstica no sólo se comete contra las mujeres sino también contra niños y mayores, y sobre todo contra los animales que conviven en nuestros hogares, fundamentalmente perros y gatos. Para mí, es tan salvaje el que maltrata a un humano como a un animal.